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Querida flaca:

Empecé esta carta de cuatro formas distintas, es muy amplio cuando de vos se trata y siempre fue así, me sobran las palabras, esas que me faltaron cada vez que te tuve cerca. Nunca me animé a decirte nada, no me animé a abrazarte cuando llorabas frente a mi, es que yo no mostraba los sentimientos y me paralizaba cuando alguien lo hacia – eso ya no es así actualmente -, tampoco me animé a tener una amistad con vos. Sos lo más lindo que me pasó en la vida, y eso que ni me pasaste, nunca fuimos nada, solo compañeras de oficina. Nunca me voy a olvidar cuando me di cuenta que me gustabas, justo hablabas como te dabas cuenta que te habías enamorado y que eso te parte la cabeza; es algo que simplemente sentís, recuerdo ese momento, como olvidarlo si por fin le ponía nombre a lo que sentía. Te agradezco por todo, aunque nunca lo sepas, actualmente ni nos vemos ni se de vos, pero cada vez que escucho a Florence Welch me acuerdo tuyo y me pongo feliz, no fuimos nada, pero vos fuiste el amor de mi vida (re novela de Televisa), nunca voy a olvidar tus consejos, ni tus pasos de baile en la oficina, tampoco voy a olvidar lo que me hiciste sentir, gracias por mostrarme que puedo sentir un montón de cosas lindas. Antes de terminar la carta te quiero confesar una cosa, cuando vos llegabas a la oficina yo no estaba en otra, miraba la pared o me hacía la boluda para que no notarás la felicidad que me traía tu llegada, esa alegría que solo me daban tus pasos, esos pasos que me sabia de memoria. Nunca voy a olvidar cuando te pregunté por qué habías confiado en mí y me dijiste que era merito mío. Pasaron 5 años de eso, pero yo lo había pensado en esos términos y hasta el día de hoy me parte la cabeza esa casualidad.

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