broken doll

Enero:
No lo arranqué bien. Lo empecé con mi familia paterna, en el campo. No recuerdo bien por qué pero estaba triste, no quería estar ahí, quería estar en casa con mamá. Si recuerdo haberme acostado llorando en silencio, abajo de la sabana, para que nadie escuchara, escribiéndome por wspp con el “amigo del tatuaje” que me bancaba la cabeza.
Al otro día no aguanté mas, y me fui a Piriapolis a buscar a mi amiga para irnos al otro día a Valizas. Ahí descansé, me rompí, pensé mucho, y a los días volví, tenía que trabajar. El resto del mes, sufrí mucho calor en el laburo, pero me llevaba libros para leer, y eso me reconfortaba. El “amigo del tatuaje” iba seguido a buscarme para ir juntos a mi bar favorito a tomar cerveza, y ese era mi mayor momento de distracción y desconexión.

Febrero:
Seguí padeciendo de calor en el trabajo, hasta que pusieron ventiladores, y si bien no fue gran cosa, por lo menos no me bajaba la presión todos los días. El amigo del tatuaje seguía yéndome a buscar, e íbamos catando bares, y también iba cada vez mas seguido a casa. En este mes falleció mi tía, la hermana de mi padre, va de mi padrastro, nunca me gustó usar esa palabra, básicamente el tipo me crió desde los dos años, y desde los seis me nació decirle “papá”, así que es mi segundo padre. Volviendo a lo otro, no era muy cercana a mi tía, mi hermano tampoco y eso que era el ahijado. Pero yo nunca había visto a mi padre llorar así, de hecho nunca lo había visto llorar. Siempre fue un hombre duro, rígido, de esos que no dan ni aceptan abrazos. De los que jamás dicen lo que sienten, no se muestra vulnerable, y mucho menos se le escapa un: “te quiero”.
Lo vi desmoronarse como nunca, su coraza se rompió, y todos vimos a ese hombre dolido, y atormentado.
No supe como reaccionar, sentí que mi corazón se rompía junto con el de él, miré a mi hermano y mi madre, estaban igual. Nos fundimos en un abrazo, los cuatro, secándonos las lagrimas unos a otros y apretando fuerte las manos. A pesar del dolor irremediable por la pérdida, sentí que nos conteníamos. Descubrí, una vez más la familia unida que somos, y también que no importa cuanto tiempo lleves haciéndote el fuerte, un día va pasar algo que te va desarmar, y lo que importa es tener alguien al lado, que ayude a juntar los pedazos, acompañe y sostenga fuerte.

Marzo:
Le digo mi mes, porque es mi cumpleaños, y mi mes favorito. Me dieron de alta médica, (tengo ataques de pánico), pero hacía mas de 6 meses que no me venían, y un largo tiempo de medicación y terapia, así que en enero me empezaron a bajar las dosis, hasta que en Marzo las abandoné por completo. La felicidad y la libertad invadían mi cuerpo. Me sentí la tipa mas libre del mundo, una sensación de alivio inexplicable.
El trabajo aumentó, y con eso mi cansancio, pero estaba contenta, iba empezar a estudiar teatro otra vez, y nada podía ser mejor. El “amigo del tatuaje” una noche en el bar, me preguntó si quería ser su novia, y le dije que sí. Estaba muy embobada con el. Me encantaba, todo era perfecto. Las cosas iban bien, y yo me sentía cómoda, podía ser yo.
Empecé a ir a su casa, y conocí a su familia.

Abril:
El trabajo me saturaba, si bien me gustaba lo que hacía, estaba siendo demasiado. Era muy poco personal para la cantidad de laburo que había, eran muchos niños para supervisar solo 3 personas fijas. Era bastante el estrés que me estaba generando, pero me lo aguantaba como podía.
Por otra parte estaba fascinada con las clases de teatro, era yo explotando en toda mi esencia, tenía un grupo re lindo, y unos profesores espectaculares.
Extrañaba mucho a mis amigos que se habían alejado sin motivo aparente, aunque estaba “todo bien” se notaba la distancia, ya nada era lo mismo. En especial con uno, que aún no logro superar su ausencia.
Con el “amigo del tatuaje” (mi novio, ahora) todo iba cada vez mejor, seguíamos frecuentando bares, íbamos a toques juntos, algunas veces al teatro. Todo iba viento en popa. Yo empecé a sentir cosas fuertes por él.

Mayo:
Empecé a salir del trabajo llorando, y un par de veces con ataques de pánico. Me asusté porque hacía mucho tiempo no me venían, y pensé seriamente en renunciar, en realidad ya lo venía pensando, pero no quería quedarme sin trabajo. Seguí aguantando.
Las clases de teatro me ayudaban a canalizar el estrés, mi novio, me ayudaba hacer los deberes, y yo lo ayudaba a él con los suyos de fotografía, nos compartíamos el arte. Lo quería cada vez mas y mas.

Junio:
A principios del mes salí en ataque de llanto del trabajo, mi novio me había ido a buscar, fuimos al bar para que me distrajera un poco, hablamos mucho, me ayudó a tomar la decisión, y renuncié, por el bien de mi salud mental. Al otro día era su cumpleaños, así que fuimos almorzar y después me acompañó a llevar la carta de renuncia. Fue duro para mí. Me gustaba el trabajo en sí, me llevaba muy bien con todos, incluso con mi encargada, pero la demanda era mucha, y yo necesitaba descansar. Apenas renuncié empecé a buscar otro trabajo, no podía quedarme sin hacer nada, tenía que seguir pagándome los estudios, mis cuentas, etc. Por ese mes no salió nada, y empecé a preocuparme.
Me di cuenta que amaba al amigo del tatuaje, me costó, pero se lo dije, él también me amaba.

Julio:
Todo el mes buscando trabajo, y nada, me llamaron para un par de entrevistas, pero no quedé. Me puse como loca, pensando en que podía hacer, tenía que trabajar como sea, de lo que sea. Tenía que pagar este mes la escuela de teatro, o tenía que dejar. Y no conseguí nada, y dejé mis clases, con un dolor tremendo.
Estaba muy angustiada. Mis amigas incondicionales me bancaban a morir. Mi familia y mi novio también.
El 31 de julio fue el cumpleaños de mi madre, y me llamaron para una entrevista, en un centro médico estético. Quedé.

Agosto:
Empecé el laburo nuevo, y todo era raro. Un rubro que no conocía, algo en lo que nunca había trabajado, y algo en lo que jamás creí trabajar.
No estaba nada mal, y aprendí rápido, cada vez me daban mas tareas. Solo noté que la jefa y ademas dueña, era bastante exigente, violenta y muy poco empatica, adicta al trabajo y que a pesar de tener una beba de dos años, pasaba metida en el trabajo, pero quién soy yo para juzgar a las personas.
Estaba contenta con mi nuevo trabajo igual, era un excelente horario y un mejor sueldo. Si tan solo lo hubiera encontrado un poquito antes, no tendría que haber dejado de estudiar. Mi novio se mudó mas lejos de casa. Creí que me iba costar adaptarme al viaje largo de casi dos horas en ómnibus pero no. Siempre leyendo, escuchando música, se hace ameno. Y cuando me quedaba a dormir ahí, podía dormir mas porque me quedaba cerca del trabajo. Todo mejoró porque ahora también, teníamos mas privacidad. Me sentía muy enamorada.

Setiembre:
De este mes no me acuerdo mucho. Sé que en el trabajo todo iba igual, cada vez tenía mas responsabilidades, y era un reto que me gustaba, se me pasaba volando el tiempo. La jefa siempre molestaba, a toda hora, todo momento, pero yo intentaba ignorarla. Veía que era muy mala con mis compañeras, en especial con una, le hacía la vida imposible, pobre chiquilina no se como aguantaba, al final de tanta tortura para el bien de ella, la terminó echando.
Me llamaron de mi ex trabajo, que me necesitaban, que querían que volviera, como jornalera, algunos días cuando ellos me necesitaran, les expliqué que tenía otro trabajo, pero sinceramente yo extrañaba mucho el contacto con los niños, y también a mis compañeros, así qué acepté. Eran unos pesos extra, que no me venían nada mal.
En mi casa las cosas estaban un poco tensas, mi madre estaba haciéndome la guerra por todo y no entendía por qué. Mi padre y mi hermano no colaboraban. Yo me refugiaba en los toques, en los bares, en la noche, en mi novio, en mis amigas amadas.

Octubre:
Fue un mes de meter mucha rambla, salía de trabajar y bajaba a ver el agua, que tanto me calma.
Fue el Cosquin Rock, y fui el segundo día, me divertí muchísimo, fue una tarde/noche espectacular, con bandas que amo, y una hermosa compañía.
Por primera vez me peleé fuerte con el amigo del tatuaje, incluso estuvimos días sin hablarnos. Sufrí mucho esos días, fueron complicados. No me entraba en la cabeza como no me entendía. Me enojé mucho, lo recuerdo y me duele. Aguanté sin escribirle lo mas que pude, hasta que baje la guardia, y le dije para hablar, necesitaba que se terminara todo de una vez o aclarar las cosas y recuperar lo que teníamos. Por suerte, pasó lo segundo.
Este mes pude ver a mi banda under favorita de acá, en compañía de mi amiga, que tanto extrañaba, mano a mano, las dos, siendo nosotras como antes. Disfrute mucho esa noche, la necesitaba mas de lo que creía.
A los días me junté con mis dos amigas del barrio, y les conté que no me estaba sintiendo bien. Sentí que revelé un secreto. Venía con mucha ansiedad acumulada, mi jefa me venía persiguiendo todo el tiempo, canalizaba su iría conmigo, con todas en realidad, pero yo sensible por demás, me afectaba diferente. Sentía que perdía el control y no la estaba pasando bien. Me ataqué de pánico varias veces. Estaba asustada otra vez, y agotada mental y físicamente. La respuesta de mis amigas fue: renuncia ya. No lo hice.

Noviembre:
Y este fue el mes de la caída.
Lo arranqué con un toque increíble de la banda que me sacude el cerebro y el corazón. Hacía mucho tiempo que no lo disfrutaba ni me gozaba tanto. En un momento me subí a caballito, miré para al lado y estaba mi novio también a caballito, gritando, cantando con todas sus fuerzas, sintiendo, viviendo igual que yo. Nos miramos y seguimos cantando con los puños arriba, desquiciados, ahí entendí todo, éramos felices viendo la banda que nos unió.
Este mes visité a mi padre y a mi hermano en Maldonado, hacía bastante tiempo que no los veía. Pasé bien, mas que nada con mi hermano.
Cuando volví, empecé con los ataques de pánico, cada vez más seguido y mas intenso. Me asusté, no estaba dispuesta a volver a tomar medicación, sentía que eso era retroceder. Pero los ataques siguieron, la angustia, la incertidumbre, la desesperación también. Empecé terapia, y tuve que volver al psiquiatra, me medicó.
En el trabajo iba todo cada vez peor.

Diciembre:
Me sentía débil, no era yo.
Tenía la compañía y el apoyo de mi familia, mi novio y mis amigas.
Pero no lograba estabilizarme, hasta que las pastillas empezaron hacer efecto, y la terapia que colaboraba. Me certifiqué varias veces porque no podía trabajar así, pensé en renunciar mil veces, pero no lo hice.
Me acerqué a mi padre, y le dije que lo necesitaba. Lloré mucho y me hizo bien. Hablamos y ahora lo siento mas cerca. Incluso nos invitó a pasar fin de año con el, fuimos, y fue muy gratificante. A pesar de toda la mierda, terminé el año con personas que amo, un poquito mas cerca y rodeada de amor. Llenita de fuerza para enfrentar un próximo año.

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