brujazul

Enero: El 2018 lo empecé con una sonrisa agridulce. Estabamos tan felices de tenernos el uno al otro, que por momentos no parecía que nos separaran 694.3 km y el Río de la Plata. Pero cuando las horas del primero de enero pasaban y la familia me rodeaba, yo sentía que al lado mio faltabas vos. 
Febrero: Febrero era el mes. En febrero dió un giro todo y después de casi dos años, ibamos a vivir juntos. Vos te venías para Uruguay dejando atrás Mar del Plata y a mi me explotaba el corazón de emoción. El abrazo en la terminal ese 18 de febrero me reconstruyo parte a parte todo eso que tenía roto desde la última vez que nos despedimos en Tres Cruces. 
Marzo: El trabajo asegurado que tenías al venir, se cayó. Trámites y más trámites. Repartir currículums, abrazos de contención, mates en la rambla y charlas interminables. La preocupación. Y también, la mano amiga. 
Abril: Un mes difícil. Las cosas no estaban saliendo como lo habíamos planeado. Tuvimos que irnos de donde estábamos a la casa de mi viejo. Sabíamos que iba a ser complicado. Los días pasaban y la convivencia en casa era cada vez peor. El carácter de mi viejo y tu impotencia y frustración estaba creando algo que en cualquier momento iba a explotar. Yo pasaba angustiada, se me caía el pelo y bajé de peso. A fin de mes seguías sin trabajo y ya no nos quedaba un peso.
 Mayo: Mayo fue un horror. Aquella bomba que habia estado conteniendose, explotó. La situación no daba para más y vos y yo lo sabíamos. Ese sábado que se escucharon cosas muy feas, yo rompí en llanto entre mi viejo y vos, y me fui a llorar al cuarto porque sentía que la situación me superaba.Cuando vos llegaste yo ya había dejado de llorar y trataba de pensar en algo que pudieramos hacer. Pero tu cara me confirmó que vos te ibas a ir, que no podías más. Cuando me dijiste en voz baja «Vos sabes que no me puedo quedar», volví a llorar como cuando era chica y el raspón en la rodilla parecía el fin del mundo. Vos me abrazaste fuerte y me dijiste que me querías, pero que no podías quedarte. A los días, te fuiste. Verte irte de nuevo en un micro y no saber cuando iba a volver a verte, fue de las cosas más difíciles que hice.Ese día fue el más triste de mi vida. 
Junio: Te extrañaba. Iba a comprar, y me faltabas al lado. Me faltaba el calor en la cama, en el cuerpo, en los huesos. Me faltaba mi compañero de mate, me faltaban tus gritos viendo Aldosivi-Almagro. Me faltaban tus mimos, tus bromas, tus besos. Me faltabas vos en todo momento. Las primeras semanas tratabamos de que todo volviera a ser como antes, cuando nos teníamos lejos pero nos queríamos tanto que la distancia no era un problema tan grande. No lo conseguimos y yo cada vez podía hablar menos con vos. Me respondías a los días y no hablabamos mas que diez minutos.
Julio: Este mes fue casi tan difícil como mayo. La comunicación era casi nula y yo me angustiaba porque no sabía nada de vos. A mitad de mes, te pregunté si nosotros seguíamos estabando bien. Vos me dijiste que no te sentías bien con vos pero que nada había cambiado con respecto a nosotros dos. Yo te pregunté si necesitabas un tiempo, y vos no me contestaste. 
Agosto: Yo no dejaba de llorar. Hacía cosas cotidianas y rompía en llanto. Estabas en línea pero no me contestabas el mensaje que te había dejado hacía una semana. Te escribí muy mal una noche y te dije que estaba muy triste, que no entendía que pasaba, que te extrañaba, pero que si no me dabas una explicación yo no podía seguir en una relación que me sacaba las ganas de salir de la cama. Lo viste, y no me respondiste.Esa noche entendí que ya no existía un nosotros. Y no lloré más.
Septiembre: Pasaban los días y yo trataba de estar bien y no pensarte. Buscaba cosas que hacer para ocupar mi tiempo y mi mente. De a ratos me funcionaba, de a ratos no. Cambié algunos hábitos, me permití probar de nuevo cosas que no me gustaban y me sorprendí cuando me hicieron cambiar de opinión. Me hice vegetariana, también, y me corté el pelo, como siempre que necesitas un cambio.Me llegó un mensaje inesperado de alguien con quien no hablaba hacía mucho tiempo. Me incentivó a volver a la política, a militar. A fin de mes estaba rencontrandome con viejos amigos y volviendo a hacer una de las cosas que mas me gustaban. También me permití, sin mucha espectativa, ver a alguien. Los últimos días de septiembre concreté una cita con Santiago. 
Octubre: La cita estuvo muy bien. Me había divertido y había logrado olvidarme de todo, Santiago me parecía interesante y me sorprendí a mi misma aceptando un segundo encuentro. Los días pasaban y nos seguíamos viendo. Salíamos, militabamos, nos encontrabamos en su casa o en la mía. Me sorprendí de nuevo a mi misma cuando nos besamos y eso estuvo bien. Nos acostamos, y en mi mente luchaba el pensamiento de que todo era demasiado pronto, con los sentimientos agradable que Santiago me provocaba. Ignoré lo primero, y me quedé con lo segundo.
Noviembre: Estabamos saliendo en una especie de relación abierta con la que ambos estabamos cómodos. Yo hice nuevas amistades, seguí militando, salí mucho, me divertí. Me encontré de a ratos pensandote, pero con nostalgia y no tanto con tristeza. 
Diciembre: Conocí a su familia y me permití sentir de nuevo algo por alguien y no sentirme mal con eso. Me hice fuerte, me abrazé, me reconstruí, me quise. Diciembre estuvo bien y las fiestas las pasé sintiendome querida. Sabiendo que el 2019 iba a ser un año muy diferente. 

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