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Querida ansiedad:

No sé quién o qué es la destinataria de esta carta. No lo sé porque todavía no tengo definido si vos, ansiedad, sos yo; o sos mía, o soy tuya, o si nos mezclamos constantemente. Creo que la última es la verdadera, de tan mezcladas que nos siento a veces no te distingo, me hacés creer que lo que pensás es lo que pienso y que no existís, porque siempre fuiste yo. 

Eso es hoy. Antes de ayer fui a la psicóloga y te vi por fuera de mí; divisé tus bordes, te alejé, te empujé y tranqué para que no pudieras volver. Error. Siempre volvés, ya debería saberlo.

Así que acá estamos, mirándonos de frente, aún lejos, yo con dolor de panza y taquicardia y vos aguantándome la mirada porque ya sabés que vas a ganar. Pero todavía no.

Ahora mismo estoy en un limbo, porque no puedo decir que no doy más porque doy; no siento que voy a morir pero siento que voy a sentir que voy a morir dentro de poco y eso me da miedo y me angustia y hace que aparezcas más fuerte y más incontrolable y que de a poco ganes espacio en mi cabeza y yo ya no soy yo sino que sos vos o somos las dos y voy a dejar de escribir este párrafo para tomar clonazepam.

Escribirte una carta es más complicado de lo que pensé, porque te odio pero eso implica odiarme un poco a mí y no quiero odiarme porque para algo estoy yendo a terapia. No me odio. O trato de no odiarme. No sé.

Lo que sí sé es que sos como esa amiga que todo el tiempo te critica y en realidad no es tu amiga y lo sabés, pero qué paja y qué miedo cortar vínculos para empezar otros. Sí, qué miedo, porque quién mierda soy si no soy con vos, ansiedad. 

Controlás todo. Cómo me vinculo con el mundo, cuánto salgo de mi casa y por cuánto tiempo. Qué días puedo hacer cosas y qué día no puedo moverme de la cama. 
No puedo pensarme a futuro, no me dejás. No hablo de imaginarme dentro de veinte años porque capaz estoy muertísima; no puedo definir qué voy a estar haciendo de acá a un mes. No me dejás armar un plan para el fin de semana. No me dejás planificar un semestre en facultad. No me dejás. Infinito.

Me caes mal. Te odio. Me hiciste y me hacés mierda. Pero el problema es que también me hacés ser yo y ya te dije: no me odio. Pero ¿cómo puedo quererme si vos sos yo y yo a vos te detesto? Entonces al final un poco te quiero; y si te quiero no quiero que te vayas. Pero me cagás la vida todo el tiempo, ¿cómo no voy a quererte lejos? 

Sos la relación más tóxica que tengo. 

Ojalá no te vea nunca más, pero hoy quedate un rato porque no tengo la fuerza para ser sin vos. Esperá que te destranco la puerta. Listo. Pasá, ponete cómoda. ¿De qué querés hablar hoy?

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