cande


Hola, K

Te escribo esta carta para decirte que renuncio. Me voy. Me cansé. Mentiría si dijera que preferiría hacer esto en persona o por teléfono, porque no tengo ganas de verte la cara ni de escucharte de nuevo. Me da un poco de culpa, porque eso es lo que generás, culpa y sentir que te estoy abandonando en una época más que complicada, justo cuando otras dos del equipo renunciaron también. Quizás sea el momento de ponerte a pensar por qué todas renunciamos, ¿no?

Para ser justa, todas las señales estuvieron ahí desde el principio, si les hubiera prestado atención nunca hubiera empezado a trabajar ahí. El día de mi primera entrevista me hiciste esperar casi dos horas en la recepción, y después media más en tu oficina mientras vos brindabas con el resto del equipo. Después de eso casi dos meses sin tener noticias, en vilo esperando una respuesta, un sí o un no, un algo, un cualquier cosa. Pero me llamaste, me dijiste que empezaba el lunes a las 8 y yo feliz de la vida hasta que ese día llegué y nadie sabía que yo iba a ir, nadie sabía qué iba a hacer, nadie sabía decirme qué, cómo, dónde. Vos llegaste, dos horas después, dos horas en las que no supe en dónde me había metido, pero embobada por el ambiente a libros que se respiraba, enamorada de las estanterías repletas e incluso de las cajas a medio abrir desparramadas por el piso.

Fuiste, bah, sos la relación más tóxica de mi vida. La que me tiene todo el día pensando en ella, comentando actitudes y quejándome con la gente de lo loca que estás, lo mal que me trataste, lo horrible que me sentí. La que me manipula para que haga cosas de onda, la que no me reconoce las horas extra, la que me hace dudar cuando estoy segura de que tengo razón. La que no me escuchaba nunca, la que de que superpone los comentarios y se pasa andá a saber por dónde mis ideas. La que un día me abrazaba y me decía que soy como una hija y al otro me despreciaba con altura el trabajo que me llevó tanto tiempo hacer, porque “mejor vamos con lo que armé yo”.

Igual lo peor no fue que me dijeras “hacé A” para horas más tarde reclamarme por B, o Z, o cosas que no tenía ni idea pero vos perjurabas que me habías pedido (y hace mucho). Lo peor no fueron las incontables horas extra como si fuera un favor, ni las reuniones que convocabas 15 min antes de que fuera hora de irme. Lo peor fue que muchas veces dudé de mi misma. Tus idas y vueltas hicieron trastabillar la seguridad que yo tenía en mi capacidad, en lo preparada que estaba para hacer ese trabajo que amé desde el principio, pero que venía en combo con tu presencia constante opacando todo.

Quisiera poder odiarte, o al menos no soportarte por lo que pasé trabajando con vos, pero no puedo. Aún a pesar de todo te admiro. Admiro tu capacidad creativa, la calidad de todo lo que armás, la selección hermosa que publicaste, incluso los títulos que te jactás mil veces de haber elegido vos, no el autor. Admiro el esfuerzo que le ponés a ese trabajo que se nota que amás, ese esfuerzo que pretendés que todas le pongamos. Admiro tu capacidad para moverte en un ambiente que amo y miro desde lejos, con miedo, admiro como llamás a autoras por su nombre o por un apodo, autoras que también admiro desde chica. Admiro la enorme empresa que creaste de cero, en un mundo de hombres, prácticamente sola. Al principio te justificaba incluso, diciéndome que si fueras varón nadie diría que sos mala gente, sino que sos muy buen jefe. Pero se me fue la sororidad a la mierda, qué querés que te diga, por suerte ya aprendí que no tengo que querer a todas las mujeres solo por serlo.

Me voy porque no aguanto más el ambiente de mierda, los comentarios velados y las críticas que hacías frente mío a mis compañeras, como buscando una cómplice. Me cansé de sentirme ninguneada y de que mi trabajo siempre debía ser un poco mejor. Igual está todo bien eh, aprendí un montón este año, y gracias por eso. Aprendí lo que quiero y lo que estoy dispuesta a soportar, aprendí a hacer muchas cosas que no sabía y que muchas veces el trabajo puede ser hermoso pero si el clima es una mierda, no vale la pena.

Gracias por todo igual.

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