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Enero

El año arrancó como siempre, con una cena medio aburrida porque en casa la Navidad siempre fue más importante. El verano lento, pesado y caluroso sólo puede soportarse huyendo de la ciudad, la humedad y los mosquitos. Nos fuimos por primera vez de vacaciones con Ale, semana que iba a ser de descanso y recargar energías pero que terminó de manera abrupta cuando lo llamaron del laburo de su vida para que se mude ya a Buenos Aires. No sabía bien qué estaba pasando, por cuánto tiempo se iba, las cosas se sucedían demasiado rápido. En el medio, mi tesis rogaba que le sumara aunque sea una página por semana y una amiga me invitaba a que armáramos juntas un club de lectura feminista, porque no encontraba ninguno acá en Córdoba.

Febrero

Después de dos meses me llamaron del laburo que siempre soñé tener y arranqué con toda la ilusión y el miedo del mundo. Los dos amores de mi vida, la comunicación y los libros, se unían en una vacante perfecta dentro de una editorial. Con la cabeza ocupada hay menos tiempo para maquinar, o al menos eso pensaba. Después de un mes, primer reencuentro, primera despedida de verdad, sabiendo ya cómo son las cosas, con terror pero con ganas de seguir.

Marzo

Tesis entregada el mismo día que saliendo del dentista me fui para la primera marcha de mi vida. No pude hacer paro, pero me vestí de verde de manera consciente por primera vez y aprendí algunos cantitos de la mano de mi amiga. Las muchas cosas que siempre me hicieron ruido empezaron a aturdirme y ya no pude quedarme callada, aunque todavía iba a tardar unos meses en gritar del todo, sobre todo en mi familia. Por eso cuando viajé por primera vez a visitarlo dije que me iba a quedar en lo de una amiga. La culpa es una mierda, pero cuando estoy allá no la siento. Esos fines de semana viajo también a otra yo, más libre y con menos miedo.

Abril

Me cansé del pelo largo y de mentir para esconder la culpa. Me cansé de los gritos absurdos en las discusiones de sobremesa y descubrí que ahora sí tenía un lugar para escaparme, para irme de verdad. Me voy a Buenos Aires esta tarde. ¿¿Y dónde te vas a quedar?? No te preocupes, me las arreglo. La realidad se mete en las casas después de la comida, o durante. Al menos en la mía, donde no hay tele en el comedor y en la cena se conversa. Mi cruzada fue llevar temas de los que no se hablaba porque todos teníamos que estar de acuerdo. Mostrar que no es verdad, que hay otras personas, otras posturas, para que los peques de la casa sepan que hay otras formas. No es fácil ser la única que piensa diferente, pero de a poco veo que mi hermana también se va preguntando cosas.

Mayo

El día de mi cumple trabajé 12 horas en una mezcla de odio y felicidad que descubrí más tarde que serían el común denominador en mi laburo. Me quemé la cabeza y descubrí que mi ansiedad nunca se fue, pero aprendí a armar la presentación de un libro, a mantener feliz a la jefa y a hacerme amiga de autores. Viajé, viajó, la distancia se siente poco por ahora, porque venimos de acá para allá cada vez que se puede.

Junio

Llegó el invierno y fui a más marchas. El saco verde de lana que me tejió mi abuela adquirió un nuevo significado y durante muchos martes y jueves lo usé como bandera. En la calle, en las casas, en la mesa se siente palpable la tensión. La mañana de ese jueves me tocó ir de un lado para otro buscando repuestos para el celular de mi jefa mientras por la radio escuchaba los últimos minutos de sesión. El “aprobado” me agarró en el medio de la calle, con lágrimas en los ojos y con ganas de abrazar a todas. El mensaje de mi hermana, “ganamos”, fue el más hermoso que recibí ese día, junto con el abrazo que le di más tarde mientras le decía al oído “bienvenida”.

Julio

Empezaron las ferias y con ellas se acentuó la relación más tóxica de mi vida, con vaivenes esporádicos entre el amor y el odio a lo largo de 20 días de trabajo ininterrumpidos, de lunes a domingo. Descubrí que me encanta mi trabajo, ya sea recomendando y vendiendo libros u organizando narraciones, eventos y encuentros con autores y autoras. Descubrí también que todavía mi cuerpo me pasa factura y en los momentos de mayor estrés colapsa, me dice que ahí llega, que la corte. Recordé que tengo que tengo que tenerme más en cuenta y darme más amor. Al no poder viajar me di cuenta de que la distancia no es el fin del mundo pero algunos días se le parece bastante.

Agosto

Pasaron cosas, muchas cosas. Aprendí que para disfrutar tengo que parar un poco, porque si no las cosas se ven borrosas por la velocidad. Me recibí pero el día anterior y el siguiente tuve que trabajar tanto que mi cerebro no lo registró. No pude ir a misa en todo el mes porque me sentía horrible cuando hablaban pelotudeces sobre el aborto, pero fui a marchas y me quedé hasta que el frío y la desilusión nos echaron de la calle llorando de la impotencia. Me uniformé de nuevo de verde y discutí a los gritos con mi familia, pero me refugié en el cariño de mi hermana y en el de mis amigas, y en la certeza de que esta vez estamos del lado correcto de la historia. Avisé que en diciembre me voy de viaje con el Ale y sumé un nuevo terremoto a la ya convulsionada realidad familiar.

Septiembre

Desde chiquita septiembre siempre fue un mes muy hermoso porque llega la feria del libro a mi ciudad. La recorría con mi hermana una, dos, hasta tres veces, y siempre nos llevábamos algún título nuevo para hacer crecer nuestra biblioteca. Este año me tocó de nuevo estar ahí, pero en otro lado, trabajando en uno de los stands, vendiendo, organizando visitas de autores y autoras y presentaciones de libros. Muchos días de muchas horas que me quemaron la cabeza pero que en el medio del estrés me hicieron muy feliz. De nuevo nada de viajes, pero si muchas juntadas y muchas lecturas feministas con un grupo cada vez más hermoso y unido.

Octubre:

La feria me dejó tan agotada que no quiero saber más del laburo y estoy empezando a descubrir que mi jefa está muy loca y más allá de lo hermoso del laburo casi que me explota. En un año lleno de feminismo y de pelear por el aborto legal, las palabras de repente se quedaron cortas. Siempre me pregunté cómo reaccionaría ante una situación crítica, si tendría los ovarios, si estaría a la altura. Y así me vi un miércoles a las 9 de la mañana googleando misoprostol y buscando en redes sociales teléfonos de socorristas para mandar mensajes preguntando cómo se hace después de recibir un mensaje de una de mis mejores amigas confirmando eso que no queríamos que fuera positivo.

Noviembre.

Ya estoy agotada, el año me pasó por encima, al menos el segundo semestre. No quiero estudiar más, no quiero trabajar más, no quiero vivir más, quiero dormir hasta el año que viene. En un mes me voy de viaje y mando a la mierda todo. Buenos Aires parece el único refugio donde todo el cansancio parece esfumarse.

Diciembre

Bueno, ya te vas, pero antes organizá dos brindis en la época más ocupada del año y asegurate que venga gente. Por primera vez tengo algo así como un equipo y el trabajo es un poco menos pesado, pero estresa igual. Hice todo lo que pude, cerré mis cosas, armé la valija y me fui. Después de mucha planificación, muchas dudas, mucha culpa, mucho miedo, partimos en lo que fue uno de los mejores viajes de mi vida, el primero tan largo y tan lejos en pareja, con el Ale. Volvemos el año que viene, y eso si que va a estar complicado.

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