chuminga cachucha

Enero: arranqué el año preparando la mudanza entre mi pareja, mi hijo y mi perro. Así que brindamos por el 2018 rodeadxs de cajas que contenían los artículos de nuestro hogar, libros y ropa. La mudanza fue el 6 de enero, día de Reyes. Lxs vecinxs de la casa que ya dejamos entraban y salían, saludándonos y deseándonos lo mejor en esta nueva etapa.

Febrero: casa nueva, barrio nuevo… Empezamos a ir al tablado. Ni mi pareja ni yo éramos muy carnavalerxs que se diga. Pero ver a Seba de año y medio totalmente fascinado con las murgas, con la música y los atuendos, era un placer. Seba comenzó a ir a la colonia de vacaciones del jardín.

Marzo: se vino nomás la escolarización de mi hijo. Significó llevarlo cada día al jardín, y dejarlo llorando; e irme un poco llorando yo también. Cobré un bono que nos pagó la empresa y aproveché para comprar algunas cosas más para la casa.

Abril y mayo: vine pisando fuerte con el tema cybermilitancia feminista. Nos reunimos también con las compas. ¡Tejer redes es lo más!

Junio y julio: el mundial de Rusia, ¡qué momento! Hinchar por Uruguay como si nos fuera la vida en cada partido. Ver a mi pequeño completamente vestido de celeste y balbuceando “Uruguá, Uruguá” cada vez que flameaba una bandera. Aproveché también para aprender algo de ruso. Me fascinan los idiomas, y escudriñar el alfabeto cirílico mientras viajaba en ómnibus fue mi punto alto del invierno.

Agosto: ganamos un juicio que nos llevó dos años, y significó simbólicamente mi separación de mi familia de origen. Me viene a la mente aquel cuento de “las ovejas negras” de la familia. 

Setiembre: comenzamos a preparar el cumpleaños de Seba. Se hizo un festejo en el jardín con lxs compañeritxs y otro en casa con familiares y amigxs: “en el corazón de mamá siempre vas a ser mi porotito de tres kilitos”, le susurro en el oído.

Octubre y noviembre: con mi pareja tuvimos varias peleas, más que nada por diferencia de pensamiento. Algunas cosas me hicieron actuar de forma más hermética. No comunicarme. Me siento triste por eso. Se que no voy a cambiar su forma de pensar (ni quiero hacerlo). Pensé varias veces en separarme. Me sentí triste, y bastante sola.

Diciembre: fin de año otra vez, ¡Que rápido pasó todo! En el colegio de Seba se hizo un pequeño acto, lxs niñxs debían ir vestidos de conejitxs blancxs con pom pom rosado. Me enojé con las mamás de otros varones, que dijeron en el chat del colegio que “el rosado es color de nena”. Seba fue el único que cumplió la consigna de colores que indicó la maestra. No se porqué tanto lío por unos pompones que usaron no más de 5 minutos. En fin. Terminamos el año, yo liquidando algunos pocos días de licencia y llevando al peque a la playa. También me llevé algunas decepciones con compañeras de militancia. Creo que soy intransigente, o deposito muchas expectativas en los demás. Es tiempo de soltar. Es tiempo también de sanar. Lamerse las heridas y seguir.

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