común y corriente

Son las cosas de la vida  
Ahora que las aguas se calmaron por fin escribo esta carta, estas palabras que nunca vas a leer. 

Si, una carta. Es la mejor manera de no dejar ninguna deuda conmigo misma, ninguna pregunta sin contestar o ninguna palabra sin decir, pero sin tener que volver a hablar con vos nunca mas. 

Sigo sin entender que querías cuando me escribías a las tres de la mañana para no decirme nada. Probablemente estuvieras borracho y lo hacías para que no me olvidara de vos, para no cerrar del todo la puerta que te permitía ir y venir de mi a tu antojo. Pobre santo. ¡Para que no me olvidara de vos necesitabas hacer mucho menos! Suficiente con  haberme hecho saber de tu existencia, suficiente con solo seguir respirando.

Ahora que se calmaron las aguas y que el mundo no supo de nosotros te escribo para no ahogarme. 

Hubiera dado… que se yo, por conocer tu casa. Tu casa, esa que en las fotos viejas aparece con mesas con manteles de plástico. Y por conocer a tu madre, tu reina, y hacernos amigas y decirle que deberían estar prohibidos los manteles de plástico porque son de un mal gusto espantoso. Te hubiera acompañado siempre al almacén aunque no tuviera ganas y hubiera caminado contigo mil veces “por lugares desconocidos para ejercitar la memoria”.  

Es verdad que te hubiera lastimado y que me hubiera gustado verte enojado, pero solo para después abrazarte sin sentirme una pesada. 
Hubiera querido hacer esas llamadas que hacen las novias para preguntarte que vamos a cenar, si vas a llegar muy tarde o si quedó leche en la heladera porque voy en camino y el super ya cerró. En un mundo paralelo que a veces me invento somos de esas parejas arruinadas que pelean “hasta por un pucho apagado”, pero igual me gusta como me imagino con vos. Ahora que las aguas se calmaron, o mejor dicho se secaron del todo, te puedo contar que “hubiera dado que se yo” por recibir un mensaje de un amigo que nos avisaba que el sábado es su cumpleaños y nos espera a los dos. Por tener un amigo en común que tuvieramos que partir al medio cuando cada cual siguiera su camino. Hubiera dado que se yo por diseñar una tarjeta de casamiento que dijera “Caro y Juan”, y por unas vacaciones juntos en Brasil y por pelear con tu madre porque sigue insistiendo en ponerle manteles a las mesas y encima, en una casa en donde vivimos vos y yo.   

Ahora que las aguas se calmaron te escribo para arrancarte del todo de mi. Y ahora que ya te dije todo te podes ir de mi para siempre. Te exorcisé, del verbo exorcizar: “Expulsar al demonio de alguien”.  Andate. Andate, y poné en práctica tu mejor arte: el de desaparecer y desaparecerme. 

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