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De chica me gustaba mucho escribir cartas, las hacía de cumpleaños, para contar chismes, las acompañaba de dibujos o de mis canciones favoritas. Con los años perdí el hábito, me aliene a la tecnología y me quede en los mensajes. Luego de varios confusos episodios, terminé haciendo del mail un depósito de emociones. Hoy, decidí conectarme con aquella niña/adolescente y escribir esta carta primero en papel, me gusta ver como se desdibuja la tinta con cada lágrima que cae al recordarte. Desde que este vínculo sexo-afectivo-intelectual se terminó, hemos intercambiado mil correos, de mi lado siempre con el alma hinchada de tristeza y de amor. Ese amor que tanto me rompió. Ese amor no del todo correspondido, porque como siempre dijiste; te quiero pero no así. ¿Qué es así? ¿Cuántas formas de querer hay después de que dos almas se encuentran y se desean, que dos cuerpos se chocan y hacen magia?. Siempre me llamaste binaria por no poder ver más allá. Pero te sentía mi hogar, te confesé mis rinconcitos más oscuros, te entregué mis secretos y mis mejores sonrisas. Pasa el tiempo y mi reloj sigue estancado en nuestra despedida, una de las tantas, cuando me confesaste que estabas en pareja mientras te excusabas que alguien tenía que ponerle fin a lo nuestro. ¿Ese alguien venía de afuera?. Me esfuerzo diariamente por salir de vos, por dejar de recordar las pecas de tu espalda, tu sonrisa perfecta y la cara de placer cada vez que te rascaba el pelo. También, debo confesar, me torturo pensando en todo lo que hice mal para que esto no funcionara. Pero, ¿la culpa es de quien ama o de quien no se deja amar?. No te lo he dicho pero he recibido tus correos contándome que me extrañas y que aún me quieres, aunque seguís insistiendo; te quiero pero no así, como vos me quieres. Y en silencio, refugiándome atrás de un celular, sigo preguntándome cómo me quieres entonces. Yo quiero a mis padres, a mi hermano, amigues y sobrines. También, quiero mucho a Garfield (aunque a veces me invada la ducha mientras me baño) y después te quiero a vos, para entregarte el mundo. Dentro de mi abanico de posibilidades no está el te quiero pero no como vos. ¿Donde entraré yo en tu abanico?. Tampoco te lo he dicho pero sigo buscándote en cada cuerpo, sigo encontrando algo de vos en otras personas, y seguís viniendo a mi mente en cada poema de Elvira Sastre, en cada canción de Shakira. Es que me cuesta mucho entregarme pero también me cuesta salir. Y eso que papá siempre me dijo; lo que forzas se rompe. Y acá estoy, toda forzada, toda rota, juntando cada pedacito de mi e intentando tirar cada recuerdo para poder volver a empezar, con la enseñanza que quien te quiere bien se entrega. Las medias son para los pies, dice mamá y qué razón tiene.

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