isabela

Enero

Empecé el año en Buenos Aires, como un paso previo a Brasil. Viajé con Nacho a Florianopolis. Nos enamoramos de la isla. Nos peleamos, lloré, largué la angustia que tenía adentro, nos reconciliamos y seguí mi viaje con la mochila más liviana. Nos agarró una lluvia intensa de varios días. Disfrutamos hasta el encierro en la carpa. Volvimos a casa y vivimos una semana de vacaciones en el patio, prendimos un fuego cada noche.

Febrero

Retomé la terapia después de un mes. Fue intenso. Se desmoronó todo, me hice mil preguntas. Con el tiempo volví a armar mi rompecabezas eligiendo cada una de las piezas. Me costó mucho rearmarme, horas de pensar, de hablar, de tomar decisiones.  Fue un mes de crisis. 

Di clases en la universidad durante el curso de verano y me anoté en el gimnasio (por todo el año!). Me llamaron de una agencia de comunicación para trabajar free lance. 

Marzo

Se casó una de mis hermanas y yo, junto a otro amigo,  fui la maestra de ceremonias. Armamos el guion con todo lo que queríamos decir. Lo ensayé pero no sabía que podía pasarme por la cabeza esa noche. Fue un gran desafío poder hablar frente a tantas personas. Me generaba muchos nervios sentirme tan expuesta. Además quería verme linda (algo que me estaba costando en los últimos meses), volver a sentir que mi cuerpo era el de siempre. Todo salió increíble y creo que a partir de ahí empecé a sentirme mejor conmigo, más segura.

Abril

Empecé a dar clases en varias escuelas, la universidad y el terciario.  Fue el comienzo del año laboral. Tuvimos el tercer casamiento del año, justo un viernes a la tarde. Después de la fiesta tenía que ir a dar clases por primera vez a una escuela con chicos de 5° año.  Estaba (levemente) borracha-

Hice un curso de posgrado que me encantó, pero nunca pude entregar el trabajo final.

Mayo

Mi amiga Silvana que vive en España vino de viaje a Argentina. Fui a Buenos Aires a visitarla. Llovió todo el fin de semana. Nos vimos poco, y me hubiera gustado charlar más con ella. Aproveché para ir a la feria del libro. Fui sola y lo re disfruté, me la pasé horas mirando y recorriendo.

Cuando volví me presenté a un concurso para dar clases en Artes Visuales. Por primera vez gané. 

Junio

Una alumna me regaló el pañuelo verde. Desde entonces lo llevo a todos lados. Miré la votación en Diputados como si estuviera frente a la final del mundial. Fue emocionante. 

Mi sobrina, Panchi, se quedó a dormir por primera vez en casa. Pensé que en algún momento de la noche podría extrañar a su mamá, nunca había pasado una noche entera fuera de su casa. Durmió toda la noche y yo me despertaba a mirarla a cada rato. Al otro día hicimos el desayuno y jugamos. 

Julio

Esperaba con ansiedad las vacaciones de invierno. Tenía muchísimo para leer, cosas que hacer en casa, terminar de pintar la habitación, leer, viajar. El viernes, día en que comenzaba mis vacaciones, Nacho quedó internado por su enfermedad. Me enojé mucho. Con él, con la vida, conmigo. Yo, que planifico todo, estaba otra vez enfrentándome a que las cosas no son como yo quiero. Simplemente son así. Le dieron el alta y volvimos a casa, pero yo seguía enojada. Discutimos, hablamos, lloré. Me fui a visitar a una amiga que no veía hace años. Volví y todo seguía igual. 

Agosto

Nacho se recuperaba lentamente y nuestra relación sufría muchas vueltas. Me surgió un trabajo extra en la revista, lo cual implicaba mucho tiempo pero también un ingreso de plata que nos venía genial.  Conocí a las chicas del Observatorio de Género y Diversidad Sexual y me sumé al equipo de trabajo. Mientras tanto los senadores no aprobaron la Ley que despenalizaba la IVE, pero algo se despertó. Fue un momento increíble para estar en las aulas, para hablar con lxs alumnxs, aprender, debatir, discutir e intentar que el mundo sea un poco más justo. 

Mi hermana y su marido se fueron a vivir a Nueva Zelanda. Como odio las despedidas. 

Un día volviendo de hacer una entrevista, me bajo del colectivo y la veo a “La China”, piel y hueso, sin pelo, con sarna hasta en el hocico. La trajimos a casa y todavía está acá hasta que le encontremos un hogar. El que la adopte se lleva un amor incondicional.  

Se cumplió un año de que perdí mi embarazo. Fuimos al Bosque Encantado a visitar a Juana, nuestra hija. Cuando vamos a verla me imagino cómo sería la vida con ella acá. 

Septiembre

Empecé la limpieza de útero.  Tuve la experiencia del Temazcal de mujeres y sentí que me moría. Fue super exigente a nivel físico y espiritual. Lloré un montón, me abrí, todo lo que más me duele salió de mí frente a todas y sentí que me explotaba la cabeza. Fueron días intensos pero el proceso me terminó de sanar, de poner un cierre a toda la exploración interna que comencé en febrero.

Fueron 50 días de sentirme acompañada y ser parte del camino de autoconocimiento de otras 10 mujeres.

Octubre

El día de la madre me sentía muy rara. No triste, pero movilizada. A la noche nació Agustín, mi segundo sobrino. 

Gané otro concurso para dar clases en un terciario. Nacho estaba en la peor parte de su tratamiento, se sentía muy mal y no sabía cómo ayudarlo. Hablamos un montón. Creo que en ese mes tocó fondo y de ahí en adelante su energía cambió para bien. 

Viajé a Tandil para visitar a mi prima que estaba transitando su separación. La vi muy triste, deprimida, confundida.  Ver su proceso me hizo pensar en mi relación con Nacho.

Noviembre

Terminé el mes agotada. Se me hizo tan largo. Muchos exámenes para corregir, notas para cerrar. Es un momento que me estresa y me genera culpa, no me siento cómoda teniendo que calificar con números a las personas. 

Fuimos a Pehuen Co otra vez, pero no visitamos a Juana.

Terminé con la limpieza de útero. Todavía extraño empezar el día tomando el tecito y comer sano. Con Nacho decidimos volver a intentar tener un hijx. 

Diciembre

Esperaba ansiosa (y triste) el día de mi mestruación. Llegó con la luna negra y en la previa de mi cumpleaños. Tenía la ilusión de quedar embarazada, pero una vez que me vino entendí que tengo que transitar esta nueva etapa dejando que todo fluya. 

Gané cuatro concursos más para dar clases el año que viene. 

Llegó el momento de los balances y me doy cuenta de que este año fue de un crecimiento increíble. Me siento feliz. 

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