joaquina

Enero: empecé el año feliz, rodeada de la gente que quiero. Papá cantando murga, Mamá borracha después de tomar medio vaso de cerveza, el abuelo feliz. Ojalá este fuera mi panorama el resto del año o para siempre. Enero fue tranquilo; muchos libros, muchas playas, muchos atardeceres. 

Febrero: Todo sigue más o menos igual. Amigos, playa, mate, sol. Me quiero quedar acá mucho tiempo más. Es que con los pies en la arena y el ruido de las olas es todo mucho más fácil. 

Marzo: Empieza otra vez la facultad. Pero este año es diferente. Hospital, al fin hospital. Todo es nuevo, desafiante. Muchos pacientes, mucho que aprender, mucho que escuchar. Infinitas historias que voy a llevar un tiempo largo conmigo. Como la historia de Berta.

A Berta la conocimos en el piso 16 del hospital de Clínicas. Hace tiempo está acá y probablemente se quede un buen rato más. Cuando podemos pasamos a visitarla y charlamos. Pero no le gusta hablar de todas “las nanas” que tiene, a Berta le gusta hablar de la vida, y se pone tan tan contenta de vernos que me quiero quedar toda la tarde a escucharla. 

Abril: Fracasos, aprender, levantarse. Nuevos fracasos. No me acostumbro al ritmo de este año todavía, me gustan los cambios. Pero también me cuestan, me cuestan muchísimo. Siento que no sirvo para esto.

Berta sigue en el hospital y todavía estoy tratando de adivinar de dónde saca fuerzas para estar tan animada siempre que la vamos a ver. La miro y pienso que ojalá nadie llegara así de sólo a viejito, y que la vida es re injusta todo el tiempo. 

Mayo: empiezo terapia. La mejor decisión que tomé en mucho tiempo. Que bien hace hablar de todas esas cositas que tenemos guardadas. Muchas emociones, cerrar ciclos, aprender. Remover mil cosas que estaban muy escondidas, tapadas, que no sabía ni que existían. 

Junio: más fracasos, más aprendizaje. Amigos, abrazos largos y apretados. Seguir cerrando ciclos que pensé que habían sanado hace mucho, intentar abrir nuevos. Me cuesta muchísimo establecer nuevos vínculos y eso me preocupa. Por suerte siempre están los amigos de siempre, y nunca los sentí más cerca. 

Julio: No se si medicina es lo mío. ¿Y si dejo? Total, 4 años no es tanto. Puedo empezar otra cosa. Siento que estoy postergando mucho de mi vida por una carrera. No quiero que todo se resuma en eso. Quiero vivir más, disfrutar más, viajar. ¿Y si no vale la pena todo esto? 

A Berta no la vimos más, empezó otro semestre y también otro hospital. Lo primero que aprendes en medicina es a no involucrarte mucho en la vida de los demás, pero qué difícil es. Quiero saber como está, acompañarla. 

No sé si esto es lo mío y cada día me hace dudar más. 

Agosto: estoy trabajando mucho en quererme y entenderme. Me cuesta muchisimo, es un proceso de mucho tiempo y mucha, mucha terapia. Me estoy empezando a conocer, a saber que me gusta y que no, q saber que quiero hacer, que quiero decir, con quienes quiero estar. Hace 20 años vivo conmigo y recién, recién ahora me estoy conociendo. Es raro. Hay cosas que me gustan y otras que no tanto.

Me estoy volviendo a amigar con mi carrera pero hay días en los que me dan ganas de no volver más al hospital. A veces amo estar ahí y otras veces odio todo. ¿Cómo se puede tener tantos sentimientos por una misma cosa? 

Septiembre: Me estoy permitiendo disfrutar todo lo que hago, y soltar todo lo que me hace mal. Así que decido no estresarme tanto con la Facultad y dedicarle más tiempo a otras cosas que también me hacen feliz. Dibujar. Este año aprendí que me hace muy feliz dibujar. ¿Quién diría, no? 20 años sin descubrir que algo me gusta tanto. Le dedico mucho tiempo a eso. Aprendo, disfruto, me asombro de las cosas que puedo hacer. Al fin siento me estoy conociendo. 

Octubre: Mi mejor amigo se va al otro lado del mundo. Lo extraño. ¡Que difícil es separarte de las personas que queres! Otra vez esa mezcla de sentimientos. 

La facultad no me deja tanto tiempo para hacer otras cosas que me gustan mucho. Pero no me importa tanto. Estoy cursando Pediatría, y estoy más feliz. Soy feliz con cada niño que veo, y con cada uno se alejan más las ganas de dejar todo y salir corriendo. Quiero aprender, hacer, ver, escuchar. Ahora sí siento que vale la pena, otra vez. 

Noviembre: si, no hay dudas de que vale la pena. Mi lugar es acá, rodeada de loquitos bajitos. Sé que quiero estar acá. Aunque no quiero dejar de ser quien estoy aprendiendo a ser. Me doy tiempo para todo; para disfrutar, aprender, hacer otras cosas que también me hacen feliz. Creo que estoy encontrando el equilibrio que necesitaba hace tiempo. 

Diciembre: Terminó otro año de facultad y al final no fue tan trágico como me lo imaginaba al principio, la verdad es que nada fue malo. Me acostumbro a los cambios a los golpes, pero me acostumbro al fin. 

En diciembre casi me enamoro, pero me tuve que desenamorar a la fuerza y seguir así como si no pasara nada. Me sale bastante bien eso de tapar lo que siento, pero estoy trabajando pila en que no sea así. 

Pasé mucho tiempo con mis amigos, tomamos pila de cerveza. Me estoy queriendo todos los días un poquito más y me siento bien con casi todo lo que me rodea. 

Este año aprendí un montón. 

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