luna negra

Enero: El año empezó bajo lluvia con dos hermosos seres y siento que fue una señal de lo que siguió después. Me gusta la lluvia y la tranquilidad que me da, aunque me hubiese gustado ver los fuegos. Al final encontramos una fiesta bajo agua de brasileños y cantamos mucho. Después empezó a salir el sol y mezclado con agua se llevó toda la angustia de los feos sucesos del final de diciembre. Enero se puso mágico: mar mucho mar, un camping de mujeres maravillosas, la salida de la luna llena, lecturas, entrevero de amores, un sinfín de atardeceres y mil horas en el mar sin bikini ni ninguna atadura. // Febrero: el cemento is back. Comencé contenta por tener un trabajo un mes entero -toda una excepción al año anterior!-. Calor, ciudad, los buses en Ferrer Serra, y dos niños que no paran de pelear bastó para que aparezcan llagas con fiebre. // Marzo: ay! Marzo como me gusta. El entusiasmo de comenzar me agarra ingenuamente año tras año. En el fondo, se que este es el último año aunque me haga la distraída. En facultad ya soy de las veteranas. No logré llegar antes de una hora tarde a ninguno de mis cursos. El 8 de marzo prendí una bengala violeta entre miles de mujeres y corrí en círculo. Fui feliz. // Abril: la angustia llegó y se apoderó de mi por completo. Me encierro en mi misma, alejo a todos. No quiero nada ni nadie, no quiero escuchar, solo mimarme y alejarme de eso que me hace tan mal. Aparezco en una lista de nombres y parece que conseguí un trabajo de más de un mes!. Conocí cuatro lugares nuevos del interior de uy. // Mayo: caminé hasta la primero de mayo el primero de mayo. Nuevo trabajo, nueva familia. Empiezo yoga en un lugar nuevo y mi cuerpa es feliz. Me enfiesté hasta el amanecer y estudié mucho. Soñé que me suicidaba junto a alguien más y culpé al curso de forense. Visité el nombre de mi abuelo con mi abuela en un día de sol // Junio: frío con lluvia. Llegó Carlota a casa y me enamoré por completo de esa gata. La facultad con el trabajo se hacen intensos. No tanto como las historias diarias de los y las migrantes que llegan al frío de Uruguay // Julio: agradecí de corazón a una profesora y entregué Taller 1 con ganas. El frío me abrazó y yo abracé mucho. Decidí mudarme una vez más. Trasladar las cosas, literal y simbólicamente, fue difícil. No recuerdo cuando terminé un libro // Agosto: leí varias historias de quienes ya no están pero no sabemos dónde. Escuchar sus voces me desarmó y el 14 de agosto lloré por segunda vez en el trabajo, entre vivos, muertos y desaparecidos. // Septiembre: mi padre cumple 60 años y yo me enteró que me quedo sin la casa nueva. Logro armar un nuevo plan de hogar que, a pesar de mucho miedo, al final me gusta más. Todo se me hace muy pesado, siento que no puedo trabajar, estudiar y militar. Siento que no puedo ayudar a nadie, ni siquiera logro organizar mi vida. Empiezo a aprender sobre fotografía, que emoción. // Octubre: llega la primavera y veo flores por todos lados. Me tiro al océano atlántico y mi cuerpa es feliz nuevamente. La felicidad de la primavera no dura mucho: un fascista es elegido democráticamente. // Noviembre: festejo con mis dos personas favoritas. Miro atardeceres en mi nuevo jardín público. El miedo al fin de año produce el efecto contrario y cada vez me siento más tranquila // Diciembre: su clásica locura invade mi alrededor. Sin embargo, apenas me roza y no lo puedo creer. Tantas cosas para hacer con tanta tranquilidad no puede ser cierto. El 9 de diciembre a las 19 horas entro en crisis, como cada año. Sobrevivo una vez más y comienza a llover /

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