luz amarilla

            Montevideo, 15 de enero de 2019
Abú,
Te escribo esto hoy porque hace mucho que no te hago cartas, creo que desde que era chiquita, y porque siempre hay muchas cosas para decir que nunca se dicen. Se que ahora a veces tenés que preguntar las mismas cosas mil veces y no entendés muy bien cuando te las explicamos. También se que posiblemente te sentís muy sola, que muchas de tus amigas ya no están acá y además hace pocas semanas que partió tu hermana menor, tu compañera, quien vivió en la casa contigua a la tuya toda una vida y te ayudó a criar a tus hijos. Quiero decirte que te admiro. Anteayer escuchaba a mi tía conversar con su compañero sobre su niñez y el recuerdo de verte ir durante toda la semana para trabajar en campaña hospedada en una escuela rural. ¡Qué lindo es conocer tan de cerca la historia de una vida dedicada al amor! Me llena el pecho de orgullo. Nunca te lo dije, pero soy perfectamente consciente de la energía que irradias y de la fidelidad con la que te aferras a tus convicciones. También conozco acerca del dolor que tuviste que padecer. Que querías ser abogada y no te dejaron, porque ¡qué esperanza que una mujer estudie abogacía y que viva en la capital! Igual se de la dedicación con la que fuiste maestra y del entusiasmo que te generaba ver al otro aprender. Recuerdo que siempre que íbamos a verte en vacaciones nos comprabas un cuaderno, un lápiz y una goma, y puede ser que gracias a vos hoy siempre tenga tantas ganas de escribir. Me enseñaste a no salirme de los renglones y a borrar sin romper la hoja, porque siempre estamos a tiempo de corregir los disparates. Heredé de vos los ojos chiquitos, la terquedad y la mano hábil. Somos las dos zurdas y la conexión que siento contigo es increíble. Y es por vos, por mamá, por mi, y por todas las mujeres de nuestra familia que no las dejaron ser que elijo sanar. Cortar con tantas generaciones de mandatos, de represión, de dolor y de marcas en el cuerpo. Te vi llorar solo una vez, se que no lo haces casi nunca, que te dijeron que tenés que ser fuerte, aguantar todo, poder con todo. Se que esa suerte de omnipotencia en alguna oportunidad te (nos) ha lastimado. Poder con todo puede hacer daño a veces, las guerreras también se cansan. Soy muy afortunada, tuve las dos mejores abuelas, vos y tu hermana. Me dejaste entrar a darte un beso antes de que te abrieran la cabeza en un quirófano, hace seis meses, y con los ojos vidriosos me dijiste “hola mijita”, como si nada estuviera pasando. Tenías miedo. Y yo también. Gracias por ese deseo de quedarte pegadita a la vida otro rato, abú. Gracias por cuidarme, por regalarme tanto amor y por esa rebeldía que son mis ganas de cambiar el mundo. Gracias por elegirme para ser tu nieta.
Te amo siempre
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