macarrón

Desde que dije que tenía que decirte todo, o más bien escribirte, lo pospuse. Creo que es vergüenza, como siempre fue.

Vergüenza por no haberte sido sincera, vergüenza por haber dejado que la vida y sus etapas ganaran.

Me gustaría tenerte acá y contarte todo, tenerte en el podio de la primeras personas que llamo cuando estoy estallada de felicidad, enojo o tristeza pero en esos casos solo me queda recordarte y lamentarme de que no estás.
Me dan ganas de decirte “perdoname, quedate un rato más conmigo” pero eso es egoísta, debería decirte “perdoname, dejame estar un rato más con vos” porque vos también me necesitabas, porque no solo tenías tus dolores, tenías los míos, y los fantasmas de ambas. Porque vos me hacías bien, entendías más que yo de la vida y de lo que me pasaba, y le hacías bien al mundo, porque siempre entendiste todo más que cualquiera.

Hoy no te tengo, y no puedo decirte que tengo vergüenza ni pedirte perdón. Hoy no te tengo y siento que a mi vida le falta toda una parte, que no la recupero visitándote. Además, ¿qué sentido tiene visitarte si no me podés iluminar con tu sonrisa?

***Compartí este artículo :)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.