maité

Enero: Comienzo el año, feliz, ansiosa, por las vacaciones próximas. Conociendo a alguien que me intrigaba mucho.

Febrero: Las vacaciones tan planeadas y soñadas. Lleno de risas, situaciones inesperadas, puro placer. Comienzo a extrañar no tenerte cerca por unos días.

Marzo: Conexión sexual inigualable. Ya no podía sacarte de mi cabeza.

Abril: No tengo recuerdos puntuales. Comienzo el año lectivo, con muchas ganas. Cada vez te quiero más.

Mayo: Cada vez más pegaditos.

Junio: Dolor. No recuerdo haberme sentido tan mal. Todo se derrumbó. De repente lo que más feliz me hacía ya no estaba. Sola. Mis tristezas, que solo las apaciguaban tu compañía, tu sonrisa y tus abrazos, se hicieron más duras que nunca.

Julio: Había que seguir adelante, pero cuanto te extrañaba. Verte y no poder besarte. Verte y no irnos juntos. Al parecer vos también me extrañabas. Volvimos a vernos, nuestra conexión era innegable. Pusiste condiciones, acepté sabiendo que no iba a poder cumplirlas. Y así, “volvimos a empezar”.

Agosto: Este año empecé el psicólogo, quería destrabar mis angustias. Todo el año fue muy duro. Volvimos a estar pegaditos, pero el miedo no se me va.

Septiembre: Mi cumpleaños. Mis amigas incondicionales, vos también parecías serlo. Estaba bien.

Octubre: Tu cumpleaños, tu tristeza, tu culpa que te está matando, me estaba yendo con vos.

Noviembre: Ya no me querés al lado tuyo. No se como manejarlo, la ansiedad me mata. No puedo comer, no puedo pensar en otra cosa. No puedo enfrentarlo, me mata por dentro pero quiero que se quede ahí.

Diciembre: No puedo más. Todo me hace mal. Necesito hacer algo para cambiarlo. Tengo que hablar. Lo hice, se terminó todo.

Estoy totalmente enamorada de vos pero me estoy matando. Te extraño mucho. Solo quiero que seamos felices pero que duro es que no sea estando juntos.

Mis amigas y mi mamá me tiran para adelante. 

Terminó el año más duro y con más aprendizajes desde que tengo memoria.

Él se robó el protagonismo pero creo que tuve un gran crecimiento personal, nada fácil.

Asumí, hablé, y re-pensé una situación de abuso que había bloqueado.

Le dije a mi mamá que también me gustaban las mujeres.

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