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Cada 31 de diciembre armo una lista con muchos sueños que quiero cumplir, también suelo leer los del año anterior para hacer un balance más objetivo de lo transcurrido. En cuanto a los objetivos que me había puesto en diciembre del 2017 para el año siguiente, logré cumplir algunos, pero eso no importó. El 2018 despertó las tristezas más profundas. Sentía que en algún lado estaba yo, perdida, tratando de encontrarme y sentirme dueña de mi vida. 
El 2019 empezó con una magia, casi que imperceptible pero muy especial. Algo se apoderó de mi y quise ser la propia autora de mi vida, de mi destino, estaba aburrida y quería cambios. Pasó solo 1 semana de enero hasta que decidimos, con mi novio y nuestra perra mudarnos a la costa. El día que desperté y me di cuenta que una nueva vida, una nueva yo nacía acá, con la playa a pocos kilómetros, con una casa con gran terreno, con el sol que iluminaba mi rostro todas las mañanas, pájaros cantando sin parar y mucho verde para contemplar, todo cambió. Ya no había paredes calurosos de cementos, de yeso.
Con el pasar de los meses, y de forma natural, se fueron dando cosas hermosas: hice mi propia huerta, tuve tiempo para leer mucho, desempolvé la cámara reflex y empecé a sacar fotos (muchas fotos), logré deshacerme de muchas cosas materiales que tenía almacenadas y que no aportaban nada a mi vida, empecé a pintar. 
Un día de julio del 2019, con la estufa a leña a mis pies y sobre una mecedora nueva, abrí  un cuaderno con el listado de deseos que había escrito el diciembre anterior. Curioso fue leer que, casi sin darme cuenta, pude hacer checks imaginarios en el 80% de los puntos escritos (con medio año por delante aún).

Una sonrisa (un poco confundida, un poco con miedo pero que esbozaba mucha felicidad) me di cuenta que aquella chica que estaba perdida y gritaba desde dentro de un pozo, se había envalentonado y su voz era cada vez más fuerte y segura, aquella chica que no se podía definir, que no sabía quien era y hacia donde iba ya no estaba, ni siquiera la recordaba. Era otra. Estaba parada, se abrazaba, podía ver su entorno y ver todo lo hermoso que había creado, se quería y aplaudía. Aquella chica se había encontrado a sí misma, fuerte, segura. 

Estoy feliz, me encontré por 1era vez en mi vida. Me abrazo.

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