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Enero:
Comencé el año en Parque del Plata, escapando de la rutina y de la ciudad. Curiosamente terminaría el 2018 viviendo en el mismo lugar donde recibí el año. 

Fue un mes mágico y feliz. Me mudé a una casa con patio, después de tanto apartamento por fin verde, árbol, pajaritos, un patio para nuestra perra. Con mi novio nos fuimos a Brasil. Me enteré que iba a ser mamá, uno de los más hermosos sentimientos que jamás sentí. 

Febrero:
Fui muy feliz por 3 semanas. Mi cabeza volaba,  me pinté un mundo. Me fui al Cabo Polonio con amigas.

Tuve un aborto espontáneo y se cayó mi mundo. 

Marzo: 
El #8M me caló hasta loa huesos y más. Si bien ya venía con ganas de querer cambiar el mundo esta marcha me hizo fuerte, me hizo reflexionar y repensar muchas situaciones/relaciones, replantearme mil cosas. Esta marcha sembró el feminismo en mi vida. Canté y grité con toda la fuerza, bien desde adentro.

Una de mis mejores amigas contó que estaba embarazada. Me fui a Buenos Aires a ver a mi hermano, tomar aire y despejar la cabeza, liberar un poco el alma. 

Con gran apoyo de mi novio, flia y amigos empecé a armar el mundo de nuevo.

Abril:
Con mi novio nos fuimos a Punta del Este a hacer uso del alojamiento que me había ganado en un sorteo del laburo. Festejamos su cumple.

Cumplió mi hermano, quien vive en Bs.As, vino a Montevideo. Salimos a festejar en familia: mis padres, él y la novia, mi novio y yo.

Mayo:
Viajé mucho, por trabajo pero viajé. Me fui a San Francisco. Me compré cosas. Al regresar a Montevideo quedé barada en Miami con una compañera de trabajo. Por suerte ella tenía tarjeta corporativa y salimos del aeropuerto. Paseamos, conocí Miami. Una vista fugaz. Volví a Montevideo pero me volví a ir. Esta vez conocí Washington. Me encantó. A diferencia de SF pude pasear y conocer. Me tiré en el pasto, contemplé las ardillas y aves. Camine mucho, comi mucho. Probe muffins de menta. Volví a Montevideo pero antes, perdí el vuelo y me quedé en Miami de nuevo pero esta vez sola y sin poder salir del aeropuerto. Me quedé en un hotel de allí adentro, sola. Lloré,  me reí y dormí, me desperté, maldije el trabajo y lo que iba del año. Me sentí sola. 

Junio:
Llegué al aeropuerto Washington-Montevideo y me fui a Bs.As, esta vez con amigas. La excusa de los 30 nos hizo elegir un viaje como festejo. Fue un año atípico para todas y el viaje logró marcar un poco las diferencias. Fue un viaje raro. Fue un sentir raro. Volví a casa, por fin. Extrañé mucho, mucho. Mi perra no se me despegó. Empezó el mundial.

Julio:
Mes largo, frio y triste. Lluvioso. 

Agosto:
Mucho trabajo. Fui a un hotel super mega cheto a trabajar. Fue mi novio también. Pese al laburo mio, nos gozamos.

Una gran amiga se fue a Nueva Zelanda.

Me teñi de rojo. La peluqueria se “confundió” pero me gustó.

Llegaron los 30. Tuve una fiesta sorpresa. Lloré y me emocioné mucho. Mi novio la organizó y mis amigas fueron cómplices. Estuvo todo tan dmas que hasta ahora recuerdo y me brillan los ojos. Suelo dar mucho, pero recibir mucho a veces es dificil. Faltó mucha gente pero estuvieron los mejores. En un año tan raro, esto me hizo FELIZ. Mis padres me hicieron una caja con 30  regalos. 30. Grandes, chiquitos. Todo pensado.  Qué más pedir? Sentí amor y me latió fuerte, mucho mucho, el corazón. 

Setiembre:
Lo más hermoso de septiembre fue que llegó la licencia y con ella, Bariloche. Regalo de mi hermano. Un sueño, hermoso. Hermoso. No puedo decir mucho más. Vayan a Bariloche. Vivan y sientan. Conocí la nieve. Lloré. 

Octubre:
Llegó mi prima de Suiza!!! Nos disfruramos!!! Se volvió a ir.

Organizamos el baby shower de mi amiga. El mismo día de la fecha de parto que yo tenía. Ouch. Se cae y se levanta. El baby shower salió hermoso, mi amiga feliz. Eso fue lo valioso. Eso y llegar a casa, llorar en los brazos de mi novio y entender que hay que seguir. Y seguí. 
Por todo esto y más, me hice un tatuaje. Resiliente. Con un dibujo de EMBA de auto-amor. Lo amé. Me levanté y seguí. 

Me volví a ir de viaje por trabajo: Punta Cana. Tomé sol, revivi. Ya no fui tan blanca.

Noviembre:
Conocí a Emma. Amor puro.
Mucho trabajo. Mucho.

Diciembre:
Toques, despedidas, playa, amigas, cerveza, fruta. Mucho replanteo, toma de decisiones. Mucho encare y avanzar. De la mano con otros y de la mano conmigo. Aprendí del feminismo más y me sentí unida, contenida, por mis mujeres amigas y por las compañeras de la causa.

Crecí, mucho. 2018? Crecimiento. Lo termino viviendo fuera de Montevideo, como hace mucho quería pero nunca me animé, con auto nuevo y muchos proyectos y objetivos. Ya sin ataduras ni tristezas. Solo alegría y seguir.

2018: wooow.

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