marina

Enero: comencé el año en lo de mi hermano con mi madre, mi hermano, mi sobrino y mi cuñada. Me sentía triste porque no tenía muchas cosas que hacer (excepto estudiar para examenes) porque no trabajaba. Pero a fines de mes me llegó una oferta de laburo que acepté.
Febrero: Empecé a trabajar en algo que nunca imaginé que iba a hacer – realizar encuestas – y desde ahí me di cuenta que me gusta investigar y que quiero hacer actividades de investigación en mi carrera. En el trabajo conocí a un chico que era mi supervisor y me empezó a atraer, aunque no enseguida. La alegría del mes me la dió mi amada Selección Mayor Masculina de básquetbol, que le ganó a Argentina por las eliminatorias para el Mundial.
Marzo: empecé de nuevo la facultad y me sentí de nuevo más productiva que nunca. En el laburo venía todo bien, pero me estaba enamorando de mi supervisor y no me daba cuenta que él no sentía lo mismo. Fui a mi primera marcha del 8M y ese mismo día corté una amistad con una examiga que con el tiempo vi que no era taaan amiga. Era la única de mi grupo de amigas con la cual me tenía que disfrazar para sentirme a su nivel. Me adoctrinaba para que fuese una persona al gusto de ella (más femenina, no le caían bien las mujeres feministas). 
Abril: me incorporé al centro de estudiantes de mi facultad, tuve una actividad con mis compañeros de laburo que me hizo conocer más a mi supervisor y me generaba más ‘locura’ por él. Fue el primer abril en el que no tuve a mi abuela – fallecida en junio de 2017 – para poder darle un beso y desearle un feliz cumpleaños. 
Mayo: voté en mis primeras elecciones universitarias de la Udelar, tuve más actividades laborales en las que conocía a mi supervisor (y cada vez me enamoraba más de él), se venía el período de parciales…pero el 30/5 creí que el mundo se me venía abajo cuando me enteré que mi supervisor dejaba la oficina para irse a otro trabajo. Lloré como pocas veces lo hice. Ahí me di cuenta que estaba enamorada.
Junio: empecé a recuperarme del dolor y desamor que estaba padeciendo. Entró una supervisora nueva que era copadísima y con la que hice buenas migas. Todo el mundo enganchado al Mundial masculino de fútbol, e incluso yo, que el fútbol es el único deporte que no me llama la atención. La selección de básquet volvía a jugar por las Eliminatorias y le ganó a Paraguay. Terminé el semestre impar (el tercero de mi carrera) y no logré aprobar ninguna materia. El dolor me había afectado en todo. 
Julio: mes de receso, de mucho trabajo (aunque ya no me sentía tan cómoda en el mismo), de rendir examenes, de ver en mis propios ojos una derrota de Uruguay ante Argentina en básquetbol, de empezar a sanarme para volver a estar bien.
Agosto: volví a las aulas con el inicio del cuarto semestre de mi carrera, y cada vez me sentía menos cómoda en el trabajo, pero no quería renunciar porque necesitaba el poco o mucho dinero que ganaba y además me había comprometido con lo que hacía. Mi vieja se quedó sin laburo y eso me hizo más mierda de lo que ya estaba. Volví a ver a mi supervisor, me lo crucé en la facultad donde él estudiaba. Me postulé a un concurso organizado por una marca y quedé entre las semifinalistas del mismo.
Setiembre: tuve los primeros parciales del semestre, organicé un baile junto a mis compañeros de facultad. Fue mi último mes de trabajo porque terminamos el proyecto. La Selección Mayor Masculina de básquetbol le ganó a México en el Palacio Peñarol, seguíamos con vida para clasificar al Mundial y yo era la chica más feliz del mundo, pero…
Octubre: el primer día desvinculan al  entrenador de la Selección Mayor Masculina de básquetbol, con quien me llevaba muy bien, e incluso me había hecho amiga de una de sus hijas. Me sentí extraña los primeros días sin laburar, pero luego me di cuenta que de junio a setiembre no la había pasado bien, y los estudios (y mis tareas freelance como periodista y CM) tenían que ser los motivos para sentirme productiva en la vida. Llega un entrenador argentino bastante conocido a dirigir la Selección Mayor Masculina de básquet y cuando lo conocí en persona casi que lo adopté como el abuelo que nunca conocí en persona (?). En la facultad me estaba yendo muy bien, mejor que en el semestre pasado. 
Noviembre: mes de mi cumpleaños, mes del fin del semestre, parciales y entregas que se aprueban, un cumpleaños con mucho cariño por parte de mi gente, una victoria de la Selección Mayor Masculina ante Puerto Rico que nos deja en las puertas del Mundial de básquet. Un mes en el que empezó un año nuevo y empezaba a darle forma a una nueva etapa de mi vida.
Diciembre: mes de cierre, de balances, de más entregas y examenes, de despedidas y reencuentros con gente que vi durante el año y con gente que hace tiempo no veía. Para darle un broche de oro a un año que tuvo sus momentos lindos y de los otros, grabé una participación en un concurso de preguntas y respuestas, pero eso no vería la luz hasta enero de 2019. Terminé el año en mi casa, a solas con mi mamá, con mucho amor propio de ambas y buena onda. 
Ya veré con qué se las trae el 2019. 

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