marina

Montevideo, 24/01/2019
Querido (o no tan querido) Joaquín:Espero que estés bien. Sé que lo estás. Estás siendo feliz y eso es lo que al fin y al cabo, vale la pena en la vida. 
Quería contarte en esta carta algunas cosas que me quedaron guardadas en el corazón, que de vez en cuando vuelven a mi cabeza y me indican que aún no las sané como debería. 
Ayer de madrugada, buscando un mail viejo con otro tipo de información, llegué al mail que me indicaba que había sido seleccionada para trabajar en ese proyecto que nos cruzó, aunque no de la forma que yo quería. 
Unos días más tarde te iba a conocer en persona, aunque al comienzo no me ibas a llamar mucho la atención, aunque tú fueses el encargado de indicarme cosas para mi trabajo. Pero, una tarde después de salir de aquella oficina, sentí algo. Y ese “algo” duró unos meses, hasta que desperté de ese sueño y me di cuenta que todo no era como yo quería. Sí. Me habías empezado a atraer como persona y llegué a enamorarme de vos. Por eso me hacía tan bien ir a trabajar, por eso me agradaba que fueses bueno conmigo, que me apoyaras, me aconsejaras. Realmente me sentía a gusto contigo, intelectualmente más que nada pero también físicamente, pero no era capaz de ver que no todo era como yo quería. ¿Por qué actuaba así? ¿Acaso enamorarse realmente ciega? 
De todas formas, ¿sabés cuando me di cuenta que me había enamorado de vos? El día en el que coincidimos por última vez en la oficina. Esa misma mañana me había enterado por mail que te ibas del proyecto y lloré como pocas veces lo hice. Menos mal que me pasé casi todo ese día fuera de casa porque no quería que mi madre me viera llorar por un hombre. Confieso que aquel percance de salud que tuve ese día en la oficina fue por lo mal que me cayó la noticia. 
Y si, desde que te fuiste hasta que terminó el proyecto yo no fui la misma en el laburo, mi rendimiento cayó bastante, ya no me sentía a gusto, pero no renuncié porque necesitaba trabajar y además cuando me comprometo con algo, lo cumplo hasta que se termine. Tenía que hablarlo con Cecilia, nuestra jefa, le abrí mi corazón y hablé de todo con ella. También lloré después de esa reunión pero me sentí más aliviada. Y también lloré unas horas después de la única vez que te vi después de ese momento ‘doloroso’. Me alegré muchísimo cuando te vi en los pasillos de tu facultad. Aunque sí, es menester reconocer que algunas cosas me duelen hasta hoy. Esta cartita que te escribo con ese amor y cariño que siento aún por ti, te la escribo entre lágrimas. Esa es la principal señal que me indica que la herida sigue abierta. Esa herida pronto debe y va a sanar, porque la vida sigue y debo ponerme de pie para volver a sentirme bien.
De todas formas, enamorarme de vos no fue en vano. Me llevé muchos aprendizajes de esto: la capacidad de poder querer a alguien más (no me olvido más de las palabras de nuestra jefa diciéndome que hay gente que nunca logra en su vida querer a otra persona), darme cuenta que me pueden atraer personas fuera de mis círculos habituales (facultad y básquetbol), que soy partidaria de una relación sexoafectiva sana, con respeto, admiración y compañerismo entre dos. 
Hasta hace un par de años sentía que esto de las relaciones amorosas no eran para mi, me sentía invisible para el tipo de personas que me atraen. Hoy ya no. Mi amor propio, el cambio de paradigma que estoy teniendo y los pensamientos que estoy cambiando, sumado a la posibilidad de haber conocido gente como vos, me hacen pensar que ya no soy invisible para nadie, que brillo con luz propia, que en algún momento mi alma va a unirse con otra alma y vibrar juntas y ser felices tal como somos. 
¿Te puedo contar algunas cosas más? Aún tengo algunas cosas que escribí sobre vos en las cuadernolas de la facultad. Me hacen llorar al día de hoy, pero fueron escritas con cariño y eso es lo que me hace mantenerlas en sus lugares.
Cuando veo algunas publicaciones tuyas en Instagram las veo con una mezcla de cariño con una puñalada en el medio del corazón, pero ese es el medio para enterarme de que estás bien, aunque vos no sepas – ni vas a querer saber – que aún me siento insegura, que por momento no logro volver a brillar, que me da miedo volver a encariñarme con otro hombre porque no quiero volver a llorar ni no ser correspondida otra vez. Sí, tengo amor propio como para quererme a mi misma – y podría perfectamente vivir así el resto de mi vida -, pero también quiero saber qué se siente que alguien te quiera, te cuide, piense en vos y te incluya en sus proyectos de vida. 
Que sepas que llegué a quererte mucho y agradezco a la vida y al universo por haberte cruzado en mi vida. Lo hiciste por algo y ya mencioné por qué fue.
Te mando un beso y abrazo grande. Sé feliz hoy y siempre.
Marina. 

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