naginix

Te escribo esta carta porque me parece que no tengo ganas de hablarte nunca más, pero no sé cómo decírtelo. Resulta que de vez en cuando te levantás con la luna en amoroso y me murmurás un “te quiero” por whatsapp y yo me olvido de que no quiero hablarte más, y escucho ese audio en loop siempre que te extraño –y son muchas las veces que te extraño-.

Pero la mayoría de los días sos full geminiano: un día me querés y al siguiente te olvidás de mí. No puedo creer haber sido tan ingenua y haberte creído cuando me decías que querías estar solo conmigo. Yo siempre te amé libre, Géminis, pero cuando empezaste a decirme esas cosas me hiciste quererte solo para mí. Y de un día para el otro, me dijiste que solo estabas interesado en otra persona: “todo eso que a vos te pasa conmigo, a mí me pasa con alguien más”. Wow. Creo que no podrías haber elegido una combinación de palabras que doliera más que esa, Géminis. Te merecés un premio. Desde el principio habíamos acordado no mentirnos, y yo, que soy la reina de la mentira, jamás te mentí. Tampoco me di cuenta de cuando vos me mentías. Me robaste el corazón, la dignidad y hasta el título de nobleza en el engaño. Ahora sí creo en el karma.

Pero no quiero que esta carta esté plagada de cosas feas. Como sé lo mucho que te gusta que te suban el ego, te voy a contar la historia que siempre me pedís que te repita una vez más, y por escrito, así te queda para recordar cuando vos quieras: sí, me gustaste desde el primer momento en que te vi. Vos ibas por la vereda del sol, sonriendo, andá a saber en qué estabas pensando. El sol brillaba en tus dientes, tus ojos brillaban por sí solos, característica que tanto te distingue. Yo llevaba a tu amigo de mi mano y cruzaste la vereda cuando escuchaste que te llamaban. Mi novio nos presentó. Para mí fue instantáneo.

El tiempo pasó y nos fuimos conociendo, incluso llegué a conocer a tu novia. Mas no nos importó la noche en que nos besamos por primera vez. Dimos muchas vueltas, Géminis, y, como te dije, me parece que no quiero hablarte más, pero no podés negar que entre nosotros siempre creamos unos besos –y una pasión- excelentes.

Quizás pueda aprender a amarte libre otra vez. Cuando me dejes de doler. Cuando todo deje de doler.

Espero que tus ojos nunca dejen de brillar.

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