nuligesta

Enero, no sé qué es esta vida nueva. Si estoy en un episodio de Black Mirror me tocó el más aburrido. Mi hermana lloró cuando acabó 2017, creo que de alivio. Las pastillas no me dejan llorar. Antes me emocionaba todo, desde una pintura hasta la cara de mi gata. Últimamente solo me hacen llorar los ataques de ansiedad que aniquilo con clonazepam. ¿Qué onda la piba esta de Tinder? Me hace sentir cosas en lugares que ya estaban entumecidos. Tiene rulos, una remera de Dibu y las tetas más lindas que haya visto. Me cuida mucho mejor de lo que me cuido yo. Se murió alguien pero nadie entiende el impacto de “se murió el padre del gurí que me dice tía” ni “el cuñado de mi amiga del alma que ya no es amiga pero sí del alma”. Dice mi hermana que exagero. El sol me carcome en el cementerio y por primera vez no me importa. El niño no está. Me decía tía pero no está y se murió su padre pero a mí no me verá más. Cojo y fumo, cojo y fumo, y tomo pastillas y hago chorizos en la vereda. No sé quién soy así que cojo y fumo. La minita de Tinder ya sabe que cuando el pánico ataca Guitarra Negra y la Coca light fría me salvan. Ella también me salva, quiero que se quede aunque ya no sepa quién soy. Me río, cojo, y fumo. Febrero, y la piba ya vive acá. Somos tres: la gata, la chichi y yo. Nunca quiero salir pero mi amigo abre un café y cuando voy descubro que también es mi casa. La casa de mi hermana también es mi casa. Ni cuenta como salir. Tomamos café, comemos brownie con porro. Usamos la primera persona del plural. Guitarra Negra cada vez suena menos. Bebemos cerveza tirada, compramos ropa, malgastamos bien gastada la plata. Me agujereo la nariz y siento que cada vez me parezco más a cómo quiero lucir. Cogemos y fumamos, y se nos da por bailar. ¿Me merezco ser feliz? Ya se generó el lenguaje de nuestro planeta personal, lleno de chistes internos. Marzo, conocemos Punta del Este. Yo ya conocía pero con ella todo se conoce de nuevo. Tomamos infinitos mojitos, pero ninguno nos gusta como el de Álvarez. Cogemos, fumamos, bailamos, nos hacemos reír. En el mar realmente conocés a las personas y ella es radiante y compañera. La amo, ¿se entiende? Pienso en mi vida anterior, ya muerta, y el pecho se me aprieta. ¿Se va a morir también esta vida? Hablo por horas con mis amigos. Los amigos vecinos son dos veces amigos.Me tatúo el nombre del tercer tomo de la enciclopedia familiar, tanta vuelta para no poner directamente “mamá”, o “familia”, o “de niña fui feliz y a veces ahora también”. Ahora mi hombro dice “N-Zyrianos” y mientras tenga hombro hay una lengua de un planeta lejano que no se va a morir. Mi gata y mi novia me abrazan, yo tomo cerveza en la ducha. Sí, es mi novia. Me gusta como suena. Cumple años y vamos de ácido a un cinco estrellas a diez cuadras. Nos hacen masajes de ácido, compartimos el jacuzzi de ácido, cenamos de ácido. Cogemos y fumamos. Cuando mi cuerpo está sumergido es cuando mejor estoy. Cuando mi cuerpo está sumergido y ella me mira creo entender quién soy. Con Abril viene eso de tener treinta años. Llevo años sintiéndome demasiado vieja para el pelo violeta que siempre quise pero ahora soy lo suficientemente vieja para que no me importe. Dejo toda la casa violeta.Le escondo a mi novia huevos de chocolate por toda la casa porque la pascua en su infancia jamás fue así. Nos damos una panzada de chocolate. No paro de ir al café ni de visitar a mi hermana ni de cazar pokemones, ya no parezco ermitaña.Ya no tomo las pastillas.  Mayo empieza con abrazos. Siempre preferí los amores de otoño. Me animo a hablar con gente nueva, me atrevo a querer a algunas de esas personas. Pienso en mi vida anterior ya muerta y me aprieta el pecho. Pienso en mi vida anterior ya muerta y creo que eso no es la norma, que normal es lo que yo vaya haciendo. Luzco como quiero, lo dice el espejo y lo confirman las fotos. Cojo pero ya no fumo. No decidí dejar de fumar pero tampoco quiero seguir. A veces me animo a cocinar, la cocina fue territorio enemigo por meses que se sintieron como años. Ella me hace reír y me sobra un montón de quetiapina. En junio Gabo Ferro me vuelve a atravesar en la Zitarrosa. Ella atravesada conmigo y yo la siento profundamente cerca.Por primera vez veo un pito enorme y no le veo la gracia a la hora de chuparlo. Llevo un año viendo pijas que me gusta chupar pero no soy bisexual, ¿no? Cojo, juego juegos de caja, tomo café y me río. El frío es mi zona de confort. El guiso acompaña bien. Tomando cerveza de nos ocurre que casarnos es una posibilidad, sacamos hora en el registro. Queremos avisarle al Estado que esto es una familia y bailar con nuestra gente inmediatamente después. Nos imaginamos invitaciones con la luna de fondo. Ya no imagino la vida sin mis amigos aunque sé que un día la viviré. En julio los buzos nos sientan muy bien. Parece que ahora tomo té. Probamos tequeños, yo ya conocía pero con ella todo se conoce de nuevo. Quiero comer queso para siempre. La gente pregunta planes de casamiento pero hay pocos: torta canábica, muchas invitaciones para no tener que elegir solo una, chocar los puños cuando nos declaren unidas en matrimonio. Siento que la gente que me rodea es la gente más linda del mundo. En agosto ya hay más invitaciones que personas invitadas al casamiento. El café es el segundo hogar más lindo que tuve. Vemos a mucha gente cantar y hacer cosas lindas. Me siento menos sola. Ella me cocina cosas ricas aunque haya poca plata. Con plata es fácil pasar bien con cualquiera, con ella paso bien siendo pobres. Tener poca plata me pone nerviosa. Creo que entiendo cosas que hacía mi mamá. Ni bien tengo algo de plata compro mucho papel higiénico. Me tatúo a Mary Poppins en el otro hombro porque con un poco de azúcar esta píldora pasará mejor. En setiembre la plaza Zabala es hermosa. Amo y me aman. Pienso en mi vida anterior ya muerta y me aprieta el pecho. ¿Cuándo me la voy a olvidar? Cojo, bailo, como tostada con palta. Le pido que se siente en el water mientras me baño para hablarle de feminismo y nos enajenamos juntas cada cual de su lado de la mampara. A veces atraviesa la mampara y nos enjabonamos las espaldas. Le enseño inglés a mi amigo y lo quiero más por eso. También me quiero más a mí. En octubre nos casamos, en octubre nos mudamos. Octubre es el mes más largo de mi vida. El casamiento es divino y emotivo, ella es mi esposa ahora. Esposa viene de prometer y esto promete.Cogemos mientras una fotógrafa lo registra, se siente muy bien liberarse así. Me gusta cómo combinan nuestros cuerpos. La mudanza trae caos, trámites y vueltas. También trae una ventana enorme donde se ven barquitos a lo lejos y el atardecer sobre el pedacito de agua que nos toca. Me cuesta sentirme en mi casa. Pienso en mi vida anterior ya muerta y me aprieta el pecho. Creo que un día pensar en esta ventana y en esta forma que tiene ella de agarrarme también me va a apretar el pecho. En noviembre veo el atardecer tomando cerveza desde la nueva ventana. Sus besos cada día son más ricos aunque no parezca posible mejorar. Voy acomodando el cuerpo. Hablo mucho y a veces me da vergüenza pensar en lo que dije. Un día a las tres de la mañana me voy a un hotel para chuparle la pija en un jacuzzi a un señor hermoso de Tinder. Sigo sin ser bisexual, ¿no? Me hace muy feliz esta anécdota. Mi esposa hace los mejores mimos de pelo que he conocido. Pienso que capaz tengo suerte. En diciembre vuelvo a la antigua chimenea que era parte del decorado de mi vida anterior ya muerta, apenas me aprieta el pecho. Cazo pokemones, cojo, tomo helado. Siempre me gusta cuando hago reír a alguien. Empiezo ir a bares a coordinar noches de juegos de caja. Llevo un clonazepam en la riñonera por las dudas pero nunca lo uso. Empiezo a usar riñonera. En nochebuena hacemos nuggets y vienen unas mexicanas que conocimos por AirBnB repletas de paltas. Lleno a la gente que me rodea de abrazos. Extraño al aire acondicionado más que a cualquier persona viva. El calor saca lo peor de mí. Miro a mi señora dormir y siento que estoy donde tengo que estar. 

***Compartí este artículo :)

6 Comments

  1. Wow, no sólo me encantó sino que me sentí también identificada. A veces pienso en mi vida anterior y me apreta el pecho. Cada vez menos, pero me sigue apretando. Aprendí a respirar hondo y mirar alrededor. Y ver que ahora sí estoy donde no solo debo pero quiero, con todo el corazón, quiero estar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.