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De chica me gustaba mucho escribir cartas, las hacía de cumpleaños, para contar chismes, las acompañaba de dibujos o de mis canciones favoritas. Con los años perdí el hábito, me aliene a la tecnología y me quede en los mensajes. Luego de varios confusos episodios, terminé haciendo del mail un depósito de emociones. Hoy, decidí conectarme con aquella niña/adolescente y…