teté

Montevideo, 20 de enero de 2019.

Abuela: Es de madrugada y mientras leo una novela de esas que desarman, me llega un mail de Ini mostrando fragmentos del ejercicio 4… Mientras lloro por lo que leo, me dan ganas de hacer el ejercicio y seguir llorando para desahogarme y recordarme lo mucho que todavía te extraño. Este diciembre me recordó que hace ocho años que te perdí y que cada día que ha pasado solo me ha hecho llorarte y extrañarte como el primer día. Estoy segura que estarías muy orgullosa de la mujer en la que me he convertido y yo te diría mil veces que soy todo esto gracias a lo que me enseñaste y que cuando me obligabas a estudiar y me decías que para qué quería tantos libros, era porque veías que amaba lo que hacía y de las pocas cosas que aún no me olvido, porque la memoria es perra y hace que tu voz ya no sea tan fácil de escuchar en mis recuerdos, es de la alegría que te dio cuando llamé para avisarte que me había recibido; no me olvido más que llorábamos las dos a cada lado del teléfono.A veces entro a mi nueva casa y el gordo (al que te presenté y le dijiste que yo era re estudiosa pero que no quería saber nada de las tareas de la casa), está cocinando salsa, me invade el olor de tu cocina y de mi infancia y siento el pecho estrujarse de saber que ya no estás y de que ¡te has perdido tantas cosas que me hubiera gustado compartir!.Siempre creíste en mí, me acompañaste, me exigiste, me amaste infinito, aunque te costaba demostrarlo. Y el día que te fuiste, que te quise levantar y no pude, que llamé a la emergencia y te tomaba la mano que apretaste y en la que sentí el último adiós… Vi en tus ojos todo el amor que me tuviste y por eso te escribo, para decirte en la carta que ya no vas a leer, pero que quizás puedas sentir en la energía que confluye, todo el amor que te tengo y que ojalá el universo en algún momento, me permita regresártelo.

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