tormenta

J:
Estoy re canchera en escribirte cartas que nunca vas a leer, no te voy a mentir. Te escribí algunas veces enamorada, otras furiosa, muchas arrepentida, extrañándote, llorando, despidiéndote, agradecida, borracha, nostálgica.
Esta no-carta es todo lo que hubiese querido decirte cuando me preguntaste cómo estaba aquella noche el abril pasado, porque nunca pero nunca te hubiese hablado de la cantidad de cartas que te escribí y que guardo en un cuaderno de hojas lisas y pajaritos. Ni de cuando me abrí los registros y me dijeron que vos y yo nos conocíamos de otra vida, y que en esta nos volvimos a encontrar. Que por eso sentíamos que nos conocíamos desde hace mucho tiempo y pasábamos hora mirándonos a los ojos. Dicen que son la única parte del cuerpo que no cambia de una vida a otra. Que me da bronca no acordarme cómo nos besábamos y que antes de vernos aquel día me costaba pensar en cómo era tu voz o en cómo pronunciabas mi nombre. Olvidar las voces siempre me pareció terrible. Hay recuerdos de nosotros que los tengo nítidos: La primera vez que te vi llorar. La primera vez que cogimos. Cuando fuimos a ver a tu perro al campo. Las cervezas en la escalera de Palermo. La primera vez que te vi arriba del escenario. Los tweets que le mandábamos al Pity Álvarez. Cuando hablamos de si era mejor volar o ser invisible. Lo egoísta que fui. El terremoto que me atravesó el pecho la primera vez que nos vimos en la explanada de la Intendencia, y que sentí otra vez esa sensación cuando volví de Brasil y nos encontramos en el mismo lugar, a la misma hora. También me acuerdo de tus cosas: la remera de Metallica que me prestabas para dormir. Las dos estrellas de tu camisa azul. Las jarras de cerveza y las sábanas verdes.No me olvido de lo mierda que fue la última noche que pasamos juntos y cómo nos despedimos a la otra mañana, estábamos en junio y hacía frío, llegué triste al trabajo.  Después me dejaste. No pasa nada con eso, yo también me hubiese dejado, ¿sabés? Sí, me gustaría poder borrar la cantidad de veces que me iba a llorar al baño, y cómo quería que pasara la hora para irme caminando aguantándome el llanto hasta llegar a casa y lo flaca que estaba porque no podía comer y llorar a la misma vez. En vez de “bien” y contarte hechos chiquitos esa noche rara de abril podría haberte dicho un montón de cosas cuando me preguntaste cómo estaba. Que me bajé tinder y me sentí patética, deslizando el pulgar, intentando encontrar no sé bien qué entre torsos desnudos, autos rojos y perritos. Que te crucé en varios lados y vos no me viste, o me viste y te hiciste el gil, y que tuve que dejar de escuchar Arctic Monkeys y Foo Fighters por un tiempo largo. Una vez sonó Do I Wanna Know? cuando estaba por entrar a una reunión de laburo y tuve que pedir para ir al baño. Que siempre que llueve me acuerdo de tu playlist de la lluvia. Que me emborraché varias veces para olvidarme de todo y me puse a estudiar una carrera para llenarme la cabeza con otras cosas. Que cada tanto me acuerdo y me río del pegue de la torta de porro en Punta del Diablo porque es uno de mis recuerdos favoritos. Que lo peor de todo era cuando me despertaba a la mañana y me sentía bien unos milisegundos y eso me duraba hasta que me despabilaba y me acordaba que te habías cansado de mí.
Que me quedaron un montón de libros por prestarte, y llevaba una lista mental de todas las películas y series que tendríamos que haber visto juntos y de los discos que seguro a vos también te volaron el bocho. Que yo sentía que vos y yo íbamos a poder con todo. Que hubiese querido conocerte sin tantos mambos en la cabeza. Que varias veces intenté dormirme pensando en vos porque te extrañaba, y que hubiese querido que lo nuestro no terminara arrastrado como una ola furiosa de esas que te arrastran y te desnudan. En vez de decirte que no tenía novio cuando me lo preguntaste también podría haberte dicho que hasta ahora me da mucho miedo no volver a sentir algo parecido por otra persona que no seas vos. Que nadie se vaya a enamorar de mí. Que envidio que vos hayas podido seguir adelante y yo siga encallada en el pasado como los barcos podridos de la rambla portuaria. Que te quise y sentí como pude, con fuerza y a lo bruto. Que hubiese querido conocerte en otro momento, sin tantos rollos con el mundo y conmigo, con la mente en blanco. Qué se yo. Que todo esto me hizo mierda pero que aprendí tanto, tanto, que espero no volver a equivocarme. Y que espero que la felicidad te arrastre y  te sacuda y te desnude como una ola furiosa.Gracias. Perdón. Suerte.

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