vivilou

Esta carta antes supo ser otra. Ahora no estoy haciendo más que escribir encima de lo que anoche quise contar. Hoy lo leo y me siento desnuda y vulnerable entonces lo cambio. Reescribo. Vengo y hago destrozos con lo anterior, lo tachoneo, le dibujo garabatos. Esta carta ya no va a ser la que era. No voy a contar qué me hace sentir triste. No voy a hablar de cómo me di cuenta que los árboles siguen en pie y vos no. No voy a decir que la enredadera del vecino siguió creciendo aunque hace años que el mundo dejó de girar. No voy a decir  que una parte de mi tiene todavía veinte años y ronda a veces por aquella sala de sanatorio y por todos los recuerdos robados después. 

No voy a agregar destinatario a mi dolor, no voy a mostrar lo que me hace llorar, no voy a hablar de desayunos ni de rayos de sol. No voy a abrir mi alma y a volcarla en una carta. No lo voy a hacer. 

Esta no es la que era anoche. Pero igual se me nota un poco rota, como siempre estoy, mientras rescato una parte que decía que esta es la vida que me tocó. La agrego acá. Ahora tiene un poquito de esa honestidad bruta pero está escondida. Es mi trampa al solitario. 

Ahora ya no es la carta de una hija a su padre, ya no lloro en metáforas. 

Esta carta, medio rota, medio perdida y hecha de retazos ya no es una carta, aunque lo sea y aunque a veces lo parezca porque lo recuerda. 

Esta carta no puede dejar de ser lo que le tocó ser. Y, aunque pudiera, no sabría por qué partes volver a empezar. 

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