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Empiezo a escribir mi 2018, en Montevideo, frente al coreano gigante que está en la plaza y las sobrillas de la playa que veo desde mi ventana, mientras escucho el “crach crach” del alicate de mi vecino, que si no escucho mal se está cortando las uñas.

Enero

El primer día del 2018 me encontraba sola en un apartamento nuevo, sin muchos metros cuadras y aun sin muchas cosas dentro. Vi los fuegos artificiales desde la ventana de los atardeceres mágicos. Con 15 días de descanso y otros 15 para volver a la rutina del trabajo.

Febrero

Febrero traería visitas, y con ellas la peor flechada/quemada solar de mis 27 años. Febrero me dejo el apodo de camarón. Febrero te recordaré.

Marzo

Marzo me tuvo al pie del cañón sus treinta y un días. El mundo gastronómico deja marca y en marzo me dejo tres puntos en el dedo por cortar una papa. Trajo juntadas, fernet, campari y caipiroskas.

Abril

Abril paso sin pena y sin gloria. Todos mis abriles son largos, es el mes mas largo de mi almanaque, es ese mes previo a explotar el “Mayofestivo”

Mayo

El mayo festivo, mayo es mi mes de balances, es donde se termina y donde empieza mi año, donde saco lo que me hace mal, y entra el aire puro, exactamente a mitad de mes. El 15 es mi punto de inflexión es donde mi yo millennial purifica el Instagram y me trato de purificar mentalmente. Chau gente toxica.

Mayo trae fiestas, asados, mas fernet, mas campari y mas caipiroskas que el resto del año, trae la excusa perfecta para festejar todo el mes.

Junio

Junio trajo lluvias, junio trae los mensajes de mi madre diciéndome cuanto me extraña y lo feliz que le hace verme crecer en lo que realmente me gusta.

Julio

Me acuerdo que julio me hizo pensar mucho, lo agotador que puede llegar a hacer el trabajo en una cocina tanto físico como mental, en julio pensé mil veces en dejar todo en Uruguay y salir a recorrer el mundo, o volverme a Argentina y ver que sucede. Pero julio no lo logro.

Agosto

El vaivén del amor. Como tratar de soltar una relación que me afecta, que a veces duele, que no es relación o que…, si es relación, pero sin título, que me hace muy bien de a ratos y que me hace llorar tantos otros.

Septiembre

“En setiembre tú fuiste mía y ahora todo es melancolía.” Dice la canción. Y es lo primero que se me viene a la cabeza cada vez que suena este mes. En septiembre volví a mi casa por 3 días, a mi casa en Rafaela, a ver a mis padres, a mis amigas de toda la vida y a dormir. Sobre todo, a dormir, básicamente es a lo que voy cuando vuelvo a Argentina, a dormir en mi cama, a que mis perros se me tiren arriba y no poder girar. El viaje Uruguay – Argentina por tres días me trajo deudas y stress del viajero, perdí un avión, un barco, se me cancelo otro vuelo y llegue tarde al trabajo. En septiembre empezaba el sonido de un próximo viaje.

Octubre

El año se me escurre entre los dedos. Italia tendrá que esperar, pero si cruzare el gran charco nuevamente en busca de una nueva aventura. Hasta ese entonces seria Francia. Igualmente, mi yo del futuro le diría mi yo de Octubre que no se emocione demasiado.

Noviembre

Una piedra en el camino. La pasantía se trunca, papelorio, visas, desacuerdos de restaurantes hace que la expectativa de Francia de un día para el otro se derrumbe. Noviembre fue un mes de lágrimas, un viaje frustrado, compañeros de trabajo que ya son amigos que se van yendo. Eso tiene este trabajo, la gente no suele quedarse mucho mas de un año en un mismo resto. Temporadas de verano, vacaciones, ganas de viajar, de cambiar la rutina, hace que te tengas que despedir de esos amigos a los que ves 10 horas diarias 6 días a la semana. Se termina el año, el cuerpo lo nota, el cansancio aparece y arrancan las fiestas de fin de año, el momento pico en el trabajo. Bajón y subidón anímico el de este mes once. Cuando ya nada nos podía salir bien. ¡¡¡¡¡¡¡¡Nos vamos de pasantía a San Sebastian!!!!!!!!

Diciembre

Aun no termina… sabemos que nos vamos con un compañero a San Sebastián. Mitad de enero y febrero. También se que me voy de vacaciones a España en enero, dos de mis mejores amigas esta allá, y no se imaginan la ilusión de poder abrazarlas y charlar personalmente después de casi dos años. Como dato de color pasé navidad en un hotel. Sola pero feliz. Ese fue mi regalo de navidad, dos días para mí, de introspección con aire acondicionado. El 31 me tendrá en un avión, el 1 de enero de 2019 me encontrara aterrizando. Eso me dice que tendré un 2019 mucho mejor que este 2018.

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